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lunes, 5 de enero de 2009

Mujeres, hombres e Instituciones ante el trabajo con la violencia masculina en el hogar

“Aquí por lo menos yo toco pared, y está muy dura...”
Mujeres, hombres e Instituciones ante el trabajo con la violencia masculina en el hogar

Roberto Garda1


Introducción


Hombres por la Equidad Centro de Intervención con Hombres e Investigación sobre Género y Masculinidades, AC es una Organización no Gubernamental que considera que la sociedad actual ha construido normas y conductas culturales que crean identidades de género que dan posibilidades de desarrollo personal diferenciadas y desiguales para mujeres y hombres. Consideramos que esta construcción cultural se desarrolla de forma cotidiana, y por ello genera la desigualdad de poderes y los desequilibrios que ésta conllevan a la violencia de género.


En este trabajo se reflexiona sobre el esfuerzo que hemos desarrollado en México para abrir grupos de reflexión de hombres en espacios de Organización Civil, y en espacios institucionales. En un primer momento se reflexiona sobre la violencia masculina, y se presentan algunos aspectos teóricos relevantes desde donde atendemos esta problemática. En segundo lugar se presenta la experiencia con grupos de hombres capacitados en el Programa de Hombres Renunciando a su Violencia (PHRSV), y los obstáculos que encontramos en el trabajo, así como los facilitadores. Asimismo, en la tercera parte presentamos los resultados que encontramos al dar seguimiento en la capacitación de las Unidades de Atención a la Violencia Familiar del Distrito Federal, las cuales son las instancias que atienden por Ley esta problemática en esa Ciudad. Finalmente presentamos las conclusiones, en donde reflexionamos sobre las dificultades y facilitadores que encuentran tanto las personas que han sido capacitadas, como las instituciones con las cuales hemos realizado estas alianzas.



I La Violencia Masculina


¿Porqué escribir sobre violencia masculina? En su estudio clásico Violencia contra la mujer: La carga oculta contra la salud, Lori Heise muestra cómo la violencia hacia las mujeres se ejerce de forma sistemática en países desarrollados, en países del Medio Oriente, de Asia y Africa, y en América Latina, donde aparecen mujeres golpeadas, mutiladas violadas, etc.. por sus parejas masculinas u otros hombres independientemente de su clase social, su raza, creencias religiosa o nacionalidad (Heise, sf: 8-12). Asimismo, en México la Dirección de Prevención de Violencia Familiar señaló que de mediados de 1998 a 1999 recibió 6,671 denuncias de violencia familiar de los cuales el 80% eran mujeres que demandaban a los hombres. Asimismo, en 1997 el Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar (CAVI) señala que el 86% de los casos denunciados de violencia familiar colocan a los hombres como las personas que maltran psicológica, física y sexualmente, y la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas AC (ADIVAC) señala que durante 1999 de 643 personas que solicitaron sus servicios sólo el 9% eran hombres y en cambio el 80% de los agresores perteneciían a este sexo. (Coriac, 1999: 30).


Considero que hay dos preguntas centrales para los hombres que derivan de esta realidad: ¿Porqué son los hombres quienes ejercen de manera sistemática esta violencia? Y ¿Qué pueden hacer para enfrentar esta problemática? Para contestar la primera pregunta debemos de reflexionar sobre la forma en los hombres llegan a ser hombres, esto es la masculinidad. Los primeros estudios sobre la masculinidad surgieron desde la antropología, y señalan que los hombres deben de llegar a construirse como “varones omnipresentes” que preñan, protegen y proveen a través de ritos de la masculinidad. Para estos estudios los hombres tienen una virilidad heróica que se gana y demuestra en ritos donde hay mucha violencia. Después de ello los hombres pueden arriesgar la vida en pos de la sociedad (Gilmore, 1994: 217-218). Si bien esta visión contribuye a ubicar el objeto de estudio: ¿Qué significa ser hombre? no recoge la problemática del poder. Esa es la crítica del feminismo, que señala que la perspectiva antropológica “oscurece el conflicto” y no dice nada de los aspectos abusivos y ofensivos de la masculinidad (Burion y Meler, 2000: 102).


Es la corriente del “feminismo radical” la que coloca a la violencia contra las mujeres como el eje de su reflexión, y señala que existen experiencias de opresión y dominación sobre las mujeres a través de la organización social e institucional llamado patriarcado (Madoo y Niebrugge en en Ritzer, 1993: 388).2 Posteriormente, hombres feministas retoman esta idea y señalan que son la crisis del poder masculino y la experiencia emocional de los hombres el eje principal para explicar la violencia hacia las mujeres. De esta forma, Robert Connell señala que la masculinidad debe entenderse como prácticas que realizan hombres (o mujeres) que “comprometen” sus cuerpos a una cultura que produce y reproduce relaciones “masculinas” mundiales –globales-- de violencia, trabajo, sexualidad y auto-interpretación. En ellas la dominación se da de hombres hacia mujeres y entre hombres por medio de la reproducción, el poder, la catexis y la simbolización (Connell en Valdés y Olavarría, 1997: 35 y Connell en Valdés y Olavarría, 1998: 80-86). Por otro lado, Kaufman señala que los hombres tienen un “nexo” con la masculinidad hegeménica que les brinda beneficios y privilegios. Para él esta relación demanda suprimir las emociones y necesidades de los hombres, y por ello el poder de la masculinidad dominante se convierte en fuente de “enorme dolor” para los hombres (Kaufman en Valdés y Olavarría, 1997: 70).3 En este mismo sentido Victor Seidler comenta que el poder de los hombres también surge del mismo proceso en que ellos asimilaron su rol: los hombres como seres racionales que tienen el poder y el control. En lugar de eso, las mujeres asumen como su rol la responsabilidad de la vida emocional de los hombres --y la sociedad--. De esta forma, para Seidler los hombres culpan a las mujeres por sus fracasos y guardan silencio sobre lo que sienten ante ellos. Los hombres se retraén emocionalmente con un “silencio amenazador” como una forma de poder (Seidler, 2000: 300). Finalmente, Gregory Lehene señala que los hombres controlan a otros hombres para mantener el rol masculino, y debido a ello surgen fuertes experiencias homofóbicas entre ellos.4


De esta forma, si bien es cierto que esta violencia es el sustento para un modelo de masculinidad dominante, que brinda posiciones de dominación y privilegio a la mayoría de los hombres que tienen determinadas características de raza, cultura, clase, edad, etc, y que les brinda esta jerarquía sobre las mujeres y sobre otros hombres de otros grupos sociales. También es importante reconocer que con esta forma de dominación masculina genera costos para los hombres, que se traducen en situaciones de malestar y dolor para los propios hombres adultos y para quienes están cerca de ellos (niños/as y mujeres adultas). La violencia doméstica conlleva también la represión de emociones, la distancia afectiva y la soledad para los hombres, así como la negación de la afectividad y de la vulnerabilidad ha hecho de las adicciones un grave problema entre los hombres mexicanos, sobre todo el alcoholismo. De igual manera, vivimos en una cultura que no promueve el autocuidado y, por el contrario, fomenta y reconoce la audacia y las conductas de riesgo como parte fundamental de la masculinidad, lo cual ocasiona la muerte de cientos de hombres cada año; por ejemplo en los accidentes de tránsito, los accidentes en el trabajo y las muertes violentas. Todo esto refleja de qué manera la desigualdad sexual afecta considerablemente a los hombres, su integridad y su calidad de vida.


Tanto por la violencia hacia las mujeres, como por la violencia que también genera la dominación masculina hacia los propios hombres, continuamos desarrollado en Hombres por la Equidad grupos de reflexión para hombres donde atendemos con el Programa de Hombres Renunciando a su Violencia que en su momento creamos desde el colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias, AC5. Este es un modelo de intervención que tenemos aplicando desde aproximadamente 8 años a grupos de hombres que asisten a nuestras instalaciones. Tiene 3 niveles, y tiene como objetivo que los hombres hagan un compromiso de trabajo con la no violencia en el hogar. En él participan varones que asisten una vez por semana durante aproximadamente 25 sesiones por nivel, con el fin de aprender técnicas que refuercen su compromiso de no violencia en las negociaciones con su pareja. Estos varones tienen en su mayoría entre 25 y 55 años, son de clase media, baja y alta, saben leer y escribir, en su gran mayoría tienen hijos/as, y aproximadamente de cada 10 que dicen que tienen trabajo hay 2 que tiene na situación inestable. Asimismo, la gran mayoría no tiene problemas de alcohol o alguna adicción, pero en todos los casos manifiestan problemas de salud sin atender, problemas emocionales con su pareja y sus hijos/as, así como falta de amigos y aislamiento; y en muchos casos desánimo o falta de interés por su proyecto inmediato de vida.  


¿Qué hemos aprendido al implementar este modelo? A continuación veremos tres aspectos: por una parte reflexionaremos sobre algunos problemas que hemos hallado para la reproducción del modelo. Esto es, ha habido instituciones públicas y organizaciones civiles que han recibido capacitación para implementarlo, pero al hacerlo tanto los hombres capacitados como las mismas instituciones se han encontrado con problemáticas para implementar o al implementar la atención, veremos tanto algunos problemas de los hombres, como de las instituciones que han implementado este trabajo. Por otra parte veremos algunas problemáticas que hemos tenido con los facilitadores una vez implementado el modelo, tanto a nivel de organización como de trabajo personal. Y cómo todo esto influye para el adecuado desempeño de la atención.



II El trabajo con la violencia masculina: la experiencia de hombres capacitados


Durante 1999 y el año 2002 participamos en el proyecto “Proyecto Piloto para la Atención a La Violencia Familiar en Espacios de Salud” quien Coordinaba Irma Saucedo del Colegio de México. El objetivo general de este proyecto era implementar una estrategia de intervención en espacios de salud para atender a las mujeres que habían vivido violencia familiar. Uno de los objetivos particulares de este era sensibilizar a personal de salud sobre la problemática de la masculinidad, y crear grupos de reflexión para hombres en por lo menos cuatro ciudades de México (una de zona rural cuetzalan, y tres urbanas Cd. De monterrey, Torreón y la Cd. De México). En este marco capacitamos a varones sobre la atención a hombres en el PHRSV. Algunos abrieron grupos de hombres relativamente rápido, de 8 meses a un año, y otros tardaron hasta tres años en hacerlo. Eso nos llamo mucho la atención, y decidimos conocer los motivos para que esto ocurriera.


Por esto, realizamos 7 entrevistas individuales y grupales a 11 hombres. Son hombres de clase media con estudios universitarios en su mayoría. Salvo dos, todos vivían en zonas urbanas. Las entrevistas eran semiestructuradas y se registraron en diarios de campo. Se buscaba conocer los cambios personales de los hombres al recibir la capacitación sobre violencia familiar y masculinidad, y los motivos por los cuales ellos creían que se había logrado --o no—abrir grupos de reflexión. La metodología que se usa es cualitativa, entendiendo por esta la comprensión de la subjetividad de las personas con el fin de definir los significados que le brindan a su experiencia (Castro, 1996: 64-67). Las entrevistas se realizaron con la idea que señala Mark Jones sobre la metodología feminista con hombres: se buscó al las “verdades” de estos hombres desde una perspectiva haciendo el esfuerzo de ir más allá de verlos como seres con poder --sin llegar a victimizarlos-- (Mark Jones, 1996: 136-142). De hecho, este fue el mayor reto para mi como investigador con militancia feminista: entrevistar y registrar buscando la comprensión de su experiencia, reconociendo mis sentimientos cómo ello afectaba mi trabajo de investigación.


Al analizar los textos se construyeron dos categorías: la de “obstáculos” que consiste en los momentos donde los hombres sintieron temor o impedimentos para realizar la apertura de grupos; y la categoría de facilitadores que corresponde a aquellos momentos donde los hombres expresan avances y logros. Estas se clasifican en tres dimensiones: la dimensión personal que corresponde a los sentimientos que facilitaron u obstaculizaron la apertura de grupos; la dimensión relacional que corresponde a los obstáculos y facilitadores que se generaron producto de las relaciones con la pareja u otros hombres; y la dimensión social que corresponde a las experiencias de los hombres con las instituciones, pares profesionales, y/o comunidades. Por espacio, en este trabajo sólo se presentan los aspectos que considero más relevantes de la experiencia personal de los hombres.


II.1 Los obstáculos para abrir grupo


Los hombres vivieron ausencia de poder al realizar este trabajo. Por esta entiendo la pérdida de privilegios o control ante la posibilidad real o imaginaria de pérdida de privilegios al abrir grupos. Se generó sentimientos de vulnerabilidad y temor y ello inmovilisó. Veamos la experiencia de Ignacio:


Entrevistador: ¿Porqué crees que das lo mínimo a este trabajo?

Ignacio: [...] Es un proyecto que implica huevos, todo.. siento una exigencia interna: eres o no eres. Eso me molesta. O le entro bien o no.

Entrevistador: ¿Que quieres Ignacio?

Ignacio: Tengo que ver qué hago...

Entrevistador: ¿Que pasa si te dedicas a esto?

Ignacio: Pierdo dinero y mis responsabilidades con mis hijos. No sé si puedo cambiar mi vida y hacer el compromiso. Pierdo un posicionamiento de privilegios. Mis hijos ya no me ven como un papá con imagen, etc. Ahora soy un Ignacio que se resiste a dejar de existir y a buscar.

...

Soy un poco extremista: quiero vivir de esto y como no lo hago no le entro. Lo he hecho varias veces en mi vida.

...

Si pierdo el poder me sentiría vulnerable. En el trabajo me presionan y si reclamo me corren.


Para Ignacio este “es un proyecto que implica huevos, todo..”. Es interesante ver cómo abrir grupos en el contexto del proyecto se traduce para Ignacio en los “huevos”, y estos a su vez son “todo”. A su vez, Ignacio señala que tiene una “exigencia interna”) que llega a cuestionar su propio ser: “eres o no eres”. ¿Porqué Ignacio se exige tanto? ¿Porqué vincula este trabajo con su propia existencia? Sin embargo señala que “O le entro bien o no”, ¿No es contradictorio, pues Ignacio se siente mal, pero aún así le “va a entrar”?. Tal vez ello se debe a que reconoce que puede tener ganancias como “cambiar mi vida y hacer el compromiso”, y pérdidas como “buscar”, perder dinero y responsabilidades, y en última instancia privilegios y poder (“Si pierdo el poder...”). Pero ¿A qué le teme Ignacio? en última instancia a sentirse vulnerable (“Si pierdo el poder me sentiría vulnerable”). Así Ignacio reconoce que “perder” el “ser” es perder el poder mismo, y “ganar” no es ganar la vida, sino reconocer su vulnerabilidad. Esto último se convierte en obstáculo donde para Ignacio.


También los hombres sintieron “temor ante la querencia masculina”. Esto es, tuvieron temor, miedo, enojo, decepción, ante la posibilidad real o imaginaria de perder vínculos afectivos con otros hombres del grupo. Veamos el ejemplo de César:


César: El grupo me gusta pues me siento acompañado. Lo mismo con Coriac, pero me he preguntado: ¿Qué voy ha hacer cuando no estén? Le he sacado al grupo porque me cuesta trabajo que alguien se vaya a ir. Quiero al grupo, y como que hago que no los necesito. No me acerco porque me da miedo a que se vayan. En mi casa era algo similar. Mis papas se iban y me dolía, y con el grupo soy muy sentimental. En el grupo estoy pasivo...


Este testimonio nos habla de la carga emotiva que tienen los hombres que se han organizado para abrir grupos de reflexión. La pregunta de César “¿Qué voy ha hacer cuando no estén?” y “...me cuesta trabajo que alguien se vaya a ir. Quiero al grupo...” nos muestra el afecto que pone César en este trabajo. Después Cesar señala que “le ha sacado al grupo” pero además lo quiere ¿No es contradictorio como Ignacio? Tal vez por eso señala que “hago como que no los necesito”, que es súmamente sensual. Pero ¿Porquñé César hace como que “no los necesito”? Porque ve que hay riesgos en la relación. El iregso de que se termine. De hecho César la vincula con su experiencia paterna (“En mi casa era algo similar”) De esta manera la relación afectiva con otros hombres César la establece desde la experiencia con sus padres, y como la experiencia con ellos fue de dolor (“me dolía”) entonces por ello César permanece pasivo.


II.2. Sobre los facilitadores para abrir grupo:


Los hombres se dan cuenta que para abrir grupo deben creer en el cambio. Este es entendido como el proceso impulsado por los mismos hombres, donde ellos son sujetos del cambio y no objetos. Veamos a Federico:


Federico: Yo sí estoy en términos y en condiciones de dar talleres. Son procesos. Ahora sí. Al rato aquí, en mi trabajo todo cambia, y no se a qué me voy a dedicar. El Director ya se va a ir y entonces mi trabajo depende de quien venga. Pero ya no va a ser fácil una negociación, tengo que ver los tiempos y las circunstancias. Y ahí empiezan los cambios. Van a empezar.


Federico se refiere a que para él es el momento de abrir talleres sobre los temas de masculinidad. Señala que habrá cambios en su trabajo y reconoce que no sabe a que se va a dedicar, y sabe que su “trabajo depende de quien venga”. De esta forma él lo único que puede condicionar son los talleres, y no los otros cambios “que no dependen de él”. Es sorprendente cómo Federico reconoce que sí puede controlar, y qué hay aspectos que salen de su control. Tener esa claridad le hace decir: “Y ahí empiezan los cambios. Van a empezar”. Cambios donde reconoce que no puede hacer intervenir (“mi trabajo depende de quien venga”), y en otros cambios donde reconoce que sí puede hacer algo: “Yo sí estoy en términos y en condiciones de dar talleres”.


Reconocer el impacto de este trabajo en la vida


Hay hombres a los cuales les interesa este tema como un elemento académico. Pero para la apertura de grupos de reflexión es importante que los hombres permitan que este trabajo tenga un “impacto en su vida”. Impacto que de una u otra forma les genere nuevos significados y perspectivas sobre su realidad y cotidianeidad. Ello facilita la apertura de grupos de reflexión:


Humberto: La perspectiva de género me ha movido el tapete. Me quise capacitar para ayudar a la gente. Esto llegó en un momento muy crítico, pues a los 2 o 3 meses de que entré me ha movido el tapete. ¿Que tanto ha valido la pena lo que he estado viviendo? [...] Me sentí víctima muchos años. El trabajo con hombres me ha ayudado mucho en mi persona.


Adalberto señala que al principio quiso capacitarse para “ayudar a la gente”, pero al entrar en contacto con el tema de género “se le movió el tapete”. De hecho se pregunta “¿Que tanto ha valido la pena lo que he estado viviendo?” con lo cual reconoce el amplio impacto que ha tenido este tema en su vida. De hecho concluye reconociendo que “El trabajo con hombres me ha ayudado mucho en mi persona”. De esa forma, Adalberto entra queriendo ayudar, y sólo hasta que reconoce que primero él se tiene que ayudar es cuando cuestiona no solo su victimez, sino además su vida misma.


Veamos otra experiencia:


Entrevistador: ¿Qué te ha movido de este trabajo?

Abelardo: Me ayuda y quiero compartir esta experiencia. Esto es parteaguas en mi vida. He renunciado a muchas cosas. Me siento mal con mi pareja y mis hijos. Quiero recuperar cosas en las que los he dañado. Quiero hacer cosas para sentirme bien con ellos.


Para Abelardo esto lo ayuda y ha sido “parteaguas en su vida”. Señala que ha tenido que renunciar a muchas cosas, y que se siente mal pues ha dañado a su pareja e hijos. Ahora “Quiero hacer cosas para sentirme bien con ellos”. Es interesante cómo vincula “mi vida” con la “pareja y los hijos”. Esto rompe con un lenguaje tradicional donde para los hombres el trabajo y el éxito social y material son la vida misma. Ahora Abelardo relaciona a la vida con su pareja ¿Hasta dónde este discurso realmente se encuentra relacionado con estos nuevos vínculos? ¿Qué consecuencias tiene esto para los hombres y la pareja y los/as hijos? Y ¿Cuáles serán ahora los indicadores de éxito para este hombre ahora que ha resignificado el sentido de su vida? Todo esto es algo que está por investigarse.


Veamos otra experiencia:


Entrevistador: ¿Cómo te has sentido en el trabajo con hombres?

Raúl: Yo pedía y esperaba un lugar, y yo ponía el tiempo. Ahora veo que es un estilo de vida. No es cambiar conductas, sino un modo de ser. De mi modo de ser. Sí quiero dedicarme tiempo completo a esto. He estado haciendo lo mínimo. No estoy muy satisfecho. No le echado “la carga al asador”.


Para Raúl en este trabajo es “un estilo de vida”. Y define esto no como cambiar conductas, sino “un modo de ser. De mi modo de ser”. El ser de Raúl entra en cambio con este trabajo. Considero que esto es muy profundo, pues implica tal vez cambiar una parte de la misma identidad. Desde esta perspectiva reconoce que hace lo mínimo y no se encuentra satisfecho. Por ello, para abrir grupos de reflexión desea “echar la carga al asador”. Hacer esto es, en el contexto del diálogo cambiar el propio ser de Raúl.


Finalmente, leamos lo que Omar nos dice:


Omar: Sí captamos que había una necesidad personal. Aquí por lo menos yo toco pared., y está muy dura. Sí hay algo. Tengo algo. Y pensé que yo también me iba a beneficiar con esto. Fue el interés de sacar algo de provecho. Me doy cuenta que sí soy violento, y tengo el interés de manejar esta área a nivel personal.


Omar reconoce que había una necesidad personal de este trabajo. Reconoce lo “duro” que estaba en “algo” de él. Señala “Sí hay algo. Tengo algo”. Sólo hasta que reconoce que él tiene “algo” reconoce que sí desea beneficiarse de ese trabajo. De tener interés en “sacar algo de provecho”. Y Omar comienza por reconocer que sí es violento, y que tiene el interés personal de manejar eso. De esa forma Omar permite que este trabajo entre en su vida.


Tanto Humberto, como Abelardo, Raúl y Omar reconocen que este trabajo a impactado fuertemente en sus vidas. Señalan que en general han permitido ese cuestionamiento a sus vidas, y gracias a ello han recibido “beneficios” de este trabajo. Todos han decidido beneficiarse de este trabajo a nivel personal. Considero que esa es la experiencia de cambio de vida personal que se comparte con otros hombres en los grupos de reflexión, pues se trabajo no para cambiar a los otros, sino a uno mismo.


Hacer algo


Los hombres se dieron cuenta de la importancia de “hacer algo”. De quitarse creencias de método y procesos, y cómo era central comenzar para después --tal vez-- revisar métodos y formas de trabajo.


Morales: Me quedo con un bienestar. Hay cosas que no son para el siguiente año. Ni meses. Son para trabajar ya, en lo personal y ya. No es lo mismo leer el manual que hacer. Algo rico es la oportunidad de no ser tan rígido ni metódico en las cosas. Es por mi formación médica. Desde los 9 años estoy manteniendo gente. Y me “cayó el veinte” que me voy más allá de lo que me corresponde. Siempre he sido papá. Y ya es tiempo de no seguirle en algo así.


Luis: Empecé bien, con muchas ganas. Llegué con motivación. Esta se ha ido disminuyendo. Ya no fuimos a México, ya no recibimos capacitación. Esperaba recibir algo y meterle todo. Me fui volviendo más apático. Me doy cuenta que depende de mí y de nuestras actividades.


Tanto Morales como Luis señalan de la importancia de hacer. Morales señala que “Hay cosas que no son para el siguiente año. Ni meses. Son para trabajar ya, en lo personal y ya.” de esa forma se da cuenta que “No es lo mismo leer el manual que hacer.”. Asimismo, revisa su formación de médico, y cómo ella le obligaba a mantener gente y ser papá. Morales decide que es tiempo de “no seguirle en algo así”. Lo mismo ocurre para Luis. Después de señalar los motivos por los cuales se fue volviendo más apático, comenta que se da cuenta que todo este trabajo “depende de mí y de nuestras actividades.”. De esta forma ambos colocan al hacer como un aspecto central para la apertura de grupos.


De esta forma, encontramos que el miedo y el temor de los hombres es un primer punto a lidiar en los futuros facilitadores, este aspecto personal es central en los hombres: si manejan de una manera creativa su miedo y los moviliza podremos observar mayor aperturas de grupos y más compromiso, si no, estos simplemente no se abrieron –como ocurrió en varios de estos Estados--. Por otro lado los facilitadores indican que voluntad para hacerlo y creer en este cambio, a esto se suma un compromiso y ver la situación de violencia. Es importante mirar que no es una situación ni política, ni metodológica lo que promueve el cambio, más bien es una situación de “querer hacerlo” donde el compromiso social se articula con el personal.



III El trabajo con la violencia masculina: la experiencia al implementar el modelo en instituciones


Aunque Hombres por la Equidad ha abierto grupos en Jalisco, San Luis Potosí, Colima, Coahuila, Veracruz, Puebla, el D.F. con base a diversas alianzas con Instituciones Públicas y Organizaciones Civiles, en este apartado hablaremos de la experiencia en el D.F., pues es la experiencia más documentada y que hemos evaluado más. Este apartado se construye con base a tres experiencias. En el año del 2002 se realizó capacitación a las Unidades de Prevención y Atención a la Violencia Familiar (UAPVIF) del Distrito Federal en el PHRSV, En los años 2003 y en el año 2005 asistimos a las Unidades. En el años 2003 en el marco de un proyecto de seguimiento a los grupos de reflexión, y en el año 2005 en el marco de la construcción de indicadores para el Observatorio ciudadano de Violencia de Género.


Cabe señalar que las UAPVIF atienden en el D.F. la violencia familiar por mandato de la la Ley de Tención y Prevención de la Violencia en el D.F. Hay una en cada Delegación y en todas se implementaron grupos de reflexión para hombres. Cabe señalar que los grupos del PHRSV llegaban a complementar los servicios terapéuticos, legales y de trabajo social que las Unidades que estaban brindando. En ambas ocasiones obtuvimos información que consideramos importante compartir en este espacio, pues nos permite aprender sobre dificultades y aciertos para mejorar la atención. En el años 2003 se realizaron 10 reuniones con personal de las UAPVIF se realizaron 35 visitas a las mismas. ¿Cuáles fueron las problemáticas que encontramos de parte de las y los facilitadores? (cabe señalar que aoproximadamente el 80% de las facilitadotas son mujeres, y el 1005 del personal son psicólogas/os).


En primer lugar hay que destacar que las y los funcionarios destacaron que hay temor en el trabajo con hombres de parte de las y los funcionarios. Esto es un funcionario comentaba: “un día trabaje con él el enojo y pensé que iba encima”. Otra funcionaria señala que un día le señalo a un hombre que necesitaba orientación psiquiátrica y éste comenzó a demandarle “más y más”, después dejo de ir, y después el hombre le dijo a la funcionaria que “él no quiere perder la objetividad” y desde entonces no ha ido. A esto la funcionaria señala que “que milagro que no ha venido”. Otra funcionaria señala: “Me da miedo que me vaya a esperar en el parque…”.


Por otra parte, las y los funcionarios señalan que hay dudas sobre las técnicas del PHRSV, pues se considera que “hay que estar al ritmo de los hombres”, o se manifestaron dudas con las técnicas más complejas del modelo como el trabajo vivencial II (revelación) o los conceptos más dolorosos para los hombres como el de “riesgo fatal”. Asimismo, se manifestó dificultad para aplicar técnicas que profundizarán en la experiencia de dolor de los hombres. Otro problema en torno a las técnicas es la apertura de la experiencia personal. Las y los psicólogos/as señalan que en los grupos no pueden hablar de lo personal, pues esta “puede ser una arma que se usa contra nosotras”, por lo que se debe ser cuidadoso. Sin embargo, sobre todos los psicólogos hombres señalan que “esto puede ser un punto de empatía con los hombres, pues dicen: ´no estoy solo´”. Así se reconoce que abrir lo personal frente al grupo tiene 2 filos y varia de acuerdo al género de quien lo hace, al grado de confianza con el grupo y a cada uno de los asistentes, pues “con algunos hombres no es posible abrir cosas personales, con otros si es un arte ponerse uno como ejemplo”.


Hay que diferenciar de hombre a hombre con unos si y con otros no se puede abrir mucho. También uno regula la apertura personal, El mismo grupo se espejea cuando uno abre como mujer la experiencia persona, sin embargo hay hombres que la usan y atacan. Si tiene que ver mucho la psicología femenina o masculina. (psicóloga de UAPVIF)


Sin embargo, al profundizar sobre estas dudas se encontró que hay dificultad para implementar estas técnicas más vivenciales porque pueden ser motivos para que los hombres “se enojen”, “se molesten” o “se enojen”. Así podríamos decir que posiblemente el motivo detrás de la dificultad para aplicar la técnica es más el miedo al enojo y la violencia de los hombres.


Por otra parte, las y los funcionarios señalan que hay problemáticas personales de los hombres que dificultan el trabajo en el PHRSV, por ejemplo algunos funcionarios/as señalaban que muchos hombres llegan con dolor y mucha soledad debido a que su relación de pareja a terminado o a los actos que han cometido. Señalan que habría que trabajar el duelo de los hombres, pues no solo afecta la autoestima de los hombres, sino que les permite reconocer más su vulnerabilidad, y frecuentemente los hombres “no quieren sentirla y el grupo lo apoya a sentir”. Otro tema relevante con relación a los hombres fue la soledad de estos: una funcionaria señala: “Un hombre insiste en buscar a su pareja pues se siente mal de que ella ya no este. El quiere que ella regrese y eso es violencia. El no sabe que hacer y yo le digo que ya terminó la relación. Dicen que “no”, que no es lo mismo la separación y la muerte de un familiar.” De hecho algunos funcionarios narran que hay hombres que dicen que “la prefiero ver muerta a separarme y la golpean”. Otro funcionario/a señala que ““Hay hombres que nunca se mueven de una actitud defensiva y que no van a cambiar sus ideas y valores. Uno les presenta una alternativa y es su decisión no moverse. Puede ser desgastante confrontar y se termino pidiéndole que fuera al grupo”.


Hay otro cuarto aspecto a destacar, y son aquellos que se refieren a la seguridad en el trabajo con hombres, pues aunque llega a haber policías, se señalan que los hombres “llegan enojados”, y maltratan desde la trabajadora social, al abogado y hasta a la psicóloga. De esta forma, es importante destacar que hay que aumentar las medidas de seguridad para los hombres. Sin embargo, la estrategia que se ha seguido es la de canalizar a los hombres con las y los psicólogos/as en caso de que estos se vena muy molestos, y éstos con abse a determinadas técnicas manejan el malestar de los hombres. Por otro lado se enfatiza la necesidad de contar con seguridad para el grupo y sobre todo para las facilitadoras, así como dar la información a los hombres desde que se inicia.


Otro aspecto a destacar es el seguimiento. Esto es, las y los funcionarios/as señalan que: “fue importante que el facilitador de Coriac les hablar de cosas personales, muy de él, eso fue bueno, los otros hombres se sensibilizaron. Ellos reflexionaron sobre su propia violencia, un asistente estaba muy a la defensiva, y la revelación también le gustó”. También se comentó que después de una visita de seguimiento “Me gustó, y vi al final la revelación como el chavo detectó las señales, es bueno que se le confrontara.”. Sobre otra visita se comentó que “Fue muy impactante decir nombres y mensajes muy puntuales. Nosotros ya habíamos dicho lo mismo y no escuchan, se están gestando relaciones de poder en el grupo. 3 de ellos están muy coludidos y su violencia no ha bajado.” En este sentido se señala que la visita logró confrontar esas formas de alianzas masculinas. En otra unidad se señala que “…de 5 solo 2 se animaron a expresar sus opiniones y sentimientos. Hay un hombre que se quedó pensativo.” Y señala la funcionarias que eso no había pasado mucho. En otra que se señala que “A los señores los motivo más. Varios puntos fueron importantes. El grupo fue nuevo y en general fue muy centrado”.


Se señala que hay una relación entre los aspectos legales que maneja la UAPVIF y los hombres. Señalan varios aspectos en este sentido: i) si él esta enojado arremete contra las y los funcionarios del área legal y ello afecta el desarrollo del proceso legal mismo; ii) pero, por otra parte, si él tiene miedo manipula, se hace la victima y en general intenta llegar a “un acuerdo” con su pareja, pero se señala que usualmente “no lo cumple”, pues solo lo acepto por miedo a la Unidad; iii) Asimismo, se señala que hay relaciones con hombres que han estado en la cárcel, y que la disposición de estos es diferente, pues son hombres que dicen que “tienen miedo de ir a la cárcel. Hay preocupación de sí no voy me van a castigar.” Pero que hay preocupación de parte de las y los funcionarios/as sobre la relación con grupos de delincuencia organizada. iv) Al parecer es usual que se llegue a presionar a los hombres que hay consecuencias legales si no van a los grupos. Sin embargo, una psicóloga señala que “ya hablé con el área legal para que nos manden gente, pero me he dado cuenta que les maltratan mucho y si veo diferencia entre abogados y abogados. El área legal no es la vía para que lleguen.” De esta forma, hay consenso que si bien puede llegar a funcionar, en realidad lo mejor es que los hombres lleguen por su propia voluntad. Así, algunos hombres aceptan ir, pero las psicólogas/os señalan que ese es el primer paso, pues el trabajo más fuerte es el retenerlos en estos. De esta forma, se señala que el proceso legal puede ser tanto una ventaja como un impedimento, pero que en general ayuda en el proceso de confrontar la violencia masculina.


Finalmente, una problemática frecuente es la asistencia de los hombres a los grupos. Se señala que “…nuestro grupo esta agonizando, tenemos tres, les esta costando trabajo, los otros 2 si van. Comenzaron a llegar también tarde y si han estado asistiendo a la hora. De los dos unos es muy inestable su participación. Otro hombre llegó en terapia individual y tenía mucho avance… no sabemos si el grupo dure hasta diciembre. Uno dicen que sí se compromete. En el grupo terapéutico son 6, pero también hay mucha deserción…” otro/a funcionario/a señala: “Teníamos un grupo de 4 o 5 personas, pero desde hace un mes ya no hay nadie, en la primera confrontación dejaron de ir, no es algo súper frecuente, pero se van.”. De hecho, para disminuir esta deserción las y los funcionarios/as hacen diversas estrategias entre diversas formas de intervención: “Un hombre que se le sugirió ir a un proceso psicológico y al de reflexión no pudo y ello afecto al grupo de 1er nivel. Los más adelantados de 2do se van, y otros con menos trabajo se quedaron. Sin embargo uno regresó y entro al de reflexión. Este hombre era importante porque entraba y salía. Hubo sesiones sólo de dos hombres. Pensamos que la rotación del personal de la Unidad puede afectar. Pensamos seguir del terapéutico al de reflexión y como no podemos abrir uno nuevo terapéutico, el grupo tal vez se va a mantener, pero quien sabe nosotros.”.  


En este sentido, se señala que ha habido mucha rotación de personal que le a afectado a los grupos: “Ha habido tres cambios de psicólogos, por lo cual se ha empantanado en 10 los hombres que asisten, y nuevos casi no hay”. Asimismo que las condiciones de algunas Unidades podría ser otro factor: “Otro comentario fue que hay hombres que llegan a la UAPVIF o a terapia individual pero al grupo no llegan por las condiciones de la UAPVIFS, no hay luz, no hay instalaciones, y eso también les afecta.".


Finalmente, y en cuanto a los resultados del segundo proyecto, en el año 2005, al buscar elaborar indicadores para la atención a los hombres violentos dentro de estas Unidades con el fin de construir el Observatorio Ciudadano de Violencia de Género en el Distrito Federal, nos reunimos con trabajadores/as sociales, abogadas/os y psicólogas/os de las UAPVIF. Una de las técnicas aplicadas fue la TKJ que permite identificar problemáticas en diversos procesos, y construir indicadores desde la propia experiencia de quienes están realizando la actividad a monitorear o evaluar.


Las y los funcionarios señalaron los siguientes problemas como más frecuentes en la atención a la violencia masculina. Se presentan de las más mencionadas, a las menos (aquellas que no tienen son porque se mencionaron solo una vez):


Area: Problemáticas relacionadas a los hombres agresores:

-Enojo por haber recibido el citatorio y minimice o niegue los hechos de violencia (12 menciones)

-Otras características de los probables generadores al ser atendidos en las APVIF por profesionales (6 mensiones)

-Negación de la violencia que ejerce el probable generador (4 menciones)

-Se piensa que las UAPVIF son apoyo a la mujer y hay enojo (3 menciones)

-No aceptación de la terapia o resistencia a acudir (4 menciones)

-No aceptación de apoyo Psicológico

-Deserción del proceso terapéutico

-Falta de tiempo



Area: Problemáticas relacionadas a la Institución:

-Las lagunas jurídicas de ley (9 menciones)

-Falta de sanciones (5 menciones)

-El término de “generador” (5 menciones)

-Medidas de seguridad para el personal (4 menciones)

-Las limitaciones legales para que el generador comparezca (2 menciones)

-Falta de capacitación del personal de las UAPVIF

-Dificultad para la entrega de citatorios o no hay coordinación con seguridad pública (2 menciones)

-Diseño inadecuado de los instrumentos de entrevista en trabajo social

-La desconfianza a la autoridad

-No hay suficientes Psicólogos

-Procedimiento interno de las uavif




Como podemos observar desde la experiencia de las y los funcionarios, los principales problemas en la atención a los hombres son dos, aquellos que se refieren a los hombres mismos, y aquellos relacionados con la institución. Como podemos ver, el primer problema de los hombres es el enojo, en un primer momento frecuentemente los hombres llegan molestos porque es la policía quien les entrega el informe, pero de fondo los hombres llegan molestos porque ella ha hecho algo para salir del control, pues el citatorio es producto de la demanda que ella levanta. Después tenemos otras creencias e ideas que molestan a los hombres en torno a las UAPVIF, al servicio, y en general la no aceptación del servicio, y la deserción del mismo.


Asimismo, están las dificultades de la UAPVIF para atender a estos hombres. En general el aspecto legal es la que más los limita (lagunazas legales, sanciones), y después tanto la terminología los pone en riesgo, como la falta de medidas de seguridad. Después de esto se dan una cascada de problemas como falta de capacitación, problemas con los procedimientos de atención, la entrega del citatorio, con del ejercicio del poder hacia los hombres y falta de confianza hacia la autoridad.


Ahora veamos las opciones que dan las mismas/os funcionarios a estas problemáticas:


Habilidades de las Funcionarios/as

La escucha como factor importante de la atención a los probables generadores (8 menciones)

Información básica al usuario (6 mensiones)

Habilidades y estrategias que utilizan los profesionistas al atender a los probables generadores con el fin de facilitar el procedimiento (6 mensiones)

No juzgar ni etiquetar (4 mensiones)

Explicar los procedimientos generales y servicios de la UAPVIF (áreas) (4 menciones)

Sensibilización al usuario (3 menciones)

Indagar en recursos y habilidades personales (3 menciones)

Explicar procedimientos legales con respecto a la violencia (3 menciones)

Explicar al usuario el objetivo de la atención Psicológica (3 menciones)

Explicación de sanciones jurídicas (3 menciones)

Empalizar con ellos (3 menciones)

Habilidades profesionales (2 menciones)

La importancia de estar en grupo terapéutico

Brindar alternativas de solución

Promoción y difusión de servicios por los probables generadores

Consientización de la repetición de esquemas de violencia


Soluciones Institucionales

La atención Psicológica (3 menciones)

Los recursos del equipo (2 menciones)

Capacitación (2 menciones)

Trabajo interinstitucional como estrategia de equipo

Seguridad

Mejorar el procedimiento de la Unidad


Como podemos observar las y los servidores/as de la UAPVIF dan como soluciones principalmente el tener mas habilidades para mejorar el servicio. Escuchar, informar, xplicar, sensibilizar, etc. llama la atención que muchas de estas soluciones reproducen roles de género tradicionales de las mujeres, y habría que ver si no se requieren mas soluciones institucionales, pues estas son mínimas a pesar de que ellos las identifican arriba como violencia. De hecho, preocuparia que ellas y ellos centraran solo en sus personas la solución a un problema que las y los rebasa.


Así podemos ver que el enojo de los hombres es un elemento central que dificulta la atención en las Unidades. Después de esto hay aspectos psicológicos de los mismos, que seguramente tienen que ver con la forma en la manifiestan sus sentimientos. Después se identifican diversas problemáticas de Unidades, pero en estas destacan las cuestiones legales, el manejo de las técnicas y estrategias de intervención –que está relacionada con la capacitación—, la seguridad en las Unidades, y finalmente las condiciones de las mismas. De esta forma, podemos decir que entre mejores condiciones legales que den herramientas a las y los funcionarios, y con más capacitación, condiciones de trabajo y mejores procedimientos de intervención, será posible mejorar la atención a los hombres violentos, y lidiar con su enojo.



V Conclusiones


El proceso de capacitación y la apertura de grupos de reflexión de hombres permitió muchas experiencias donde consideramos que todos tenemos que aprender tanto en el arranque de los mismos, como en su seguimiento. Las siguientes son nuestras principales conclusiones:


  • Los hombres que se acercaron y/o sensibilizaron en torno al tema de violencia familiar, y que después mostraron disposición para abrir grupos de reflexión, son personas que se encuentran en búsqueda de nuevos significados para su vida. El acercamiento al tema de la violencia familiar y en particular el compromiso por abrir grupos para hombres hizo que muchas de sus dudas y preguntas sobre su vida fueran planteadas con mayor fuerza y, en algunos casos entraran en crisis. Esta permitió o bien la inmovilización de los hombres y la no apertura de grupos de reflexión, o la movilización de los hombres y la apertura de estos grupos.

  • Los hombres presentan más obstáculos personales para la apertura de grupos, que impedimentos sociales. Debido a ello, se puede afirmar que para que los hombres deseen integrarse a este tipo de trabajo deben vencer primero miedos, dudas, temores, etcétera de índole personal más que problemas de tipos social. Dentro de los problemas de tipo personal son los relacionados con ellos mismos (La ausencia de poder en los hombres, Los temores a la querencia entre hombres y La suficiencia masculina), y los relacionados con las mujeres (Amplificación de los problemas con la pareja y Silencio masculino ante el movimiento de mujeres), los que destacan como más importantes. Así, los principales limitantes de los hombres para abrir grupos de reflexión son las limitantes personales sobre su vida, y no las dificultades social o institucional. Sin embargo, una vez que se han superado ambas, se potencias tanto las capacidades individuales para afrontar problemáticas personales, como nuevas herramientas y actitudes para enfrentar problemas en la vida social.

  • Los facilitadores para abrir grupos de reflexión son de índole más personal que social. Ello demuestra que los hombres sí pueden comprometerse con este trabajo siempre y cuando decidan superar estas problemáticas. Para ello destacan como importantes un profundo trabajo personal sobre lo que significa el tema de la violencia masculina para ellos (Creer en el cambio, Reconocer el impacto de este trabajo en la vida y Hacer algo), y la capacidad de tener y generar contactos con otros seres queridos que los hombres consideren importantes (El contacto con los hombres, Nuevas relaciones con seres importantes, Mantener el contacto en el grupo coordinador). Estos elementos, ayudan a romper los temores y miedos para iniciar este tipo de trabajo. Asimismo, el que hombres tengan cambios no solo en su vida con su pareja y los hijos/as, sino además a nivel personal, y en otros vínculos con la familia extendida y la actividad laboral, les prmite abordar estos temas.

  • El vínculo con las mujeres es sumamente importante para los hombres. Ya sea desde la mirada crítica por lo que no se ha cumplido, o por el afecto y apoyo por lo realizado. Las mujeres como movimiento o como pareja, son importantes para los hombres. Esta importancia va de la mano con el temor a ellas: con la pareja a “abrirse mucho”, o con el movimiento de mujeres a ser sólo sombra de los que las mujeres han avanzado. Consideramos que con el tiempo y el trabajo los hombres encontraremos nuestro lugar en este tema. Hasta el momento éste se ubica en el trabajo personal de la violencia, el trabajo con la violencia masculina de otros hombres y la exploración de otros temas de masculinidad en talleres y pláticas.

  • Por otro lado las dificultades que encontramos en las UAPVIF se ubican más –desde sus funcionarios/as—en los hombres, y estos son sobre todo de índole emocional. Asimismo, las dificultades internas relacionadas con la ausencia de una legislación que los apoye, formación y otras condiciones de trabajo como la seguridad y carga de trabajo son relevantes. Al parecer, entre más segura es una institución, y más claros tienen los procesos de intervencvión, mejor se puede intervenir con hombres violentos en las UAPVIF.

  • Por otro lado las soluciones que brindas las UAPVIF reproducen mucho los roles de género, y ello puede vulnerar a las y los trabajadores. Habría que dar más apoyo institucional a estas y estos para enfrentar la violencia masculina.

  • En ambos casos, las instituciones y las personas que conviven con los hombres en los centros de trabajo pueden convertirse o bien en serios obstáculos para realizar la apertura de grupos, o bien facilitadores para impulsarlos. Ello confirma la tesis de que para realizar este trabajo lo importante son personas sensibles que deseen desarrollar el tema, cion mucho trabajo personal y manejo adecuado de su ejercicio de violencia y sus experiencias de dolor. Sin embargo, en ambos casos la solución de problemas personales son más importantes que los obstáculos o facilitadores institucionales.

  • Hombres por la Equidad considera que su papel con las y los facilitadores que ha formado es central, sin embargo también reconocemos que no siempre hay condiciones para un adecuado seguimiento. Nosotros hemos estado brindando un acompañmiento a veces más lejano, y otras más cercano, el reto para Hombres por la Equidad es no convertirse en un vínculo paterno que resuelva todos los problemas de los hombres, ni tampoco en una institución fría e instrumental que se acerque a los hombres sólo cuando requiere algo. Este equilibrio es el mismo que los hombres experimentan en su vida afectiva con otros hombres. Consideramos que lo lograremos en la medida en que resolvamos la forma personal en que construimos vínculos afectivos con otros hombres.

  • ¿Cómo considerar el éxito del proyecto en el trabajo con hombres? Considero que la apertura de los grupos de reflexión no debiera convertirse en el indicador de éxito de la participación de los hombres en el proyecto. El indicador de éxito consistiría en el grado de avance de dos procesos: el primer aspecto se encuentra vinculado con el grado de trabajo y reflexión personales sobre la propia violencia. Y el cuestionamiento de creencias machistas sobre la forma de relacionarse hombres y mujeres. El segundo aspecto debiera estar relacionado con la apertura misma de los grupos de reflexión y su permanencia, su calidad en la atención y posteriormente su cantidad. Sin embargo, ante el panorama observado la atención se encuentra entre el temor y enojo de funcionarios/as, hombres violentos y hombres sensibles, e instituciones que desean apoyar este trabajo, y que en algunas ocaciones no tienen ni el sistema legal o normativo, ni los recursos suficientes para hacerlo. Estos son algunos retos que deseamos superar.



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Seidler Victor, La sinrazón masculina. Masculinidad y teoría social, Paidos-UNAM, México, 2000: 334 pp.

1 Director de Hombres por la Equidad. Centro de Intervención con Hombres e Investigación sobre Género y Masculinidades, AC correo electrónico rgarda@hombresporlaequidad.org.mx y espacio WEB: www.hombresporlaequidad.org.mx

2 A partir de esta propuesta, otras corrientes como el feminismo psicoanalítico, el marxista, el socialista y denominado de la tercera ola han incluido este eje de reflexión en sus trabajos enriqueciéndolos desde sus perpsectivas.

3 De hecho, este dolor se perpetúa con la alienación y opresión de los hombres, y ello se manifiesta en un “triada de la violencia masculina”. Esta señala que la violencia siempre se realiza en tres dimensiones: hacia otros hombres, otras mujeres y contra sí mismos (Kaufman, 1989: 21)

4 La homofobia «...son actos usados por sociedades e individuos para forzar una conformidad social en torno a los roles tradicionales de los hombres, y mantener de esa forma el control social» (Lehne, Gregory K. en Kimmel y Messner, 1995: 332).

5 Organización Civil pionera desde 1993 en impulsar el tema de masculinidad y violencia masculina, pero que desapareció en junio del 2006. Para mayor información se puede ver www.coriac.org.mx

1


“No me han faltado ganas de ponerle la mano encima...”.

“No me han faltado ganas de ponerle la mano encima...”.
Masculinidad y Generación en la Violencia de los 
Hombres Jóvenes
*


Roberto Garda+


A mi hija Tania.

Porque estoy orgulloso de que seas mujer.

Papá

Introducción


El presente artículo tiene la finalidad de presentar los resultados de una investigación sobre violencia de género realizado con hombres jóvenes. Esta investigación buscó conocer cómo vivían los hombres jóvenes la violencia y qué significados le brindaban. En la sección 1 La Salud Sexual y Reproductiva de los Hombres Jóvenes presento cómo los estudios de género, al iniciar la reflexión sobre la salud sexual y reproductiva de las mujeres jóvenes equiparan a los hombres jóvenes con los adultos, y los ubican en una posición de poder que no siempre les corresponde. Asimismo, analizo las preocupaciones de esta perspectiva sobre la salud sexual y reproductiva de los hombres. Muestro las problemáticas que se comienzan a tener para hacer esta reflexión sobre los varones, y también demuestro cómo los hombres jóvenes son reflexionados desde una mirada que unifica a los hombres, y donde sus diferencias no son vistas, sino son conceptualizados como un bloque de hombres adultos. De esta forma, concluyo señalando que los estudios de género han reflexionado poco sobre los hombres jóvenes, y que son los estudios de la masculinidad quienes comienzan a brindar elementos para hacer esta reflexión, y brindar elementos para conocer la especificidad de su violencia.


En la sección dos Masculinidad y juventud señalo que la masculinidad son los estudios que analizan cómo los hombres llegan a ser hombres. Parto de la propuesta del feminismo que indica que existen experiencias de dolor y poder entre los hombres, pues hay un costo emocional de estos al ejercer la violencia. Los estudios de la masculinidad señalan que los jóvenes se encuentran en etapa de ritos para llegar a ser hombres, y que estos comúnmente están ligados al dolor y a la nula expresión de las emociones. Brindo reflexiones sobre la agresividad de los jóvenes en Inglaterra, en Nicaragua y presento datos sobre la violencia en México. Concluyo señalando que la violencia de los jóvenes como la delincuencia, el pandillerismo, las violaciones hacia las mujeres jóvenes, la drogadicción, la violencia en las escuelas, etc.. son aspectos de un mismo problema: demuestran lo que los hombres jóvenes tienen que hacer para ser hombres, y cómo este mensaje social no solo es contradictorio, sino además, hace caer a los jóvenes en profundas contradicciones respecto a la violencia.


En la sección tres Violencia de género en los hombres jóvenes presento los resultados de la investigación en los grupos focales con jóvenes. Desarrollo cinco categorías donde organizo la información de los hombres jóvenes: a) en la categoría de los tipos y las direcciones de la violencia señalo que para los jóvenes es sumamente importante hacer mención de la dirección y los lugares de la violencia, más que reflexionar sobre los tipos de violencia que hay (pero que también mencionan). Para los jóvenes la violencia se ejerce de los adultos/as a los hombres jóvenes, entre mujeres y hombres jóvenes, de los adultos/as a otros adultos/as y que los jóvenes presencian y de los/as hombres y mujeres jóvenes hacia los adultos/as. Señalan que esta se realiza principalmente en la calle, la casa e instituciones sociales como la escuela o centros de readaptación de jóvenes. Comentan que esta es física, sexual, emocional, verbal y económica, y además viven problemas de drogadicción, alcoholismo y delincuencia. Concluyo señalando la amplia visión de los jóvenes sobre la violencia y cómo estos mencionan más la que reciben que la que ejercen.


La segunda categoría que presento son las creencias de los jóvenes sobre la violencia. Los jóvenes señalan que la violencia está en todos lados y se autorreproduce, que se ejerce de forma diferente de acuerdo al lugar, que es producto de la decisión de los jóvenes, pero que también se ejerce hacia la mujer porque ella tiene la culpa y es violenta. Finalmente, los jóvenes señalan que ellos son violentos por ser hombres y el machismo. De esta forma, concluyo señalando que las ideas de los jóvenes sobre la violencia muestran contradicción, pero también tienen claridez sobre su participación en ella principalmente a través de las creencias de masculinidad y el rechazo hacia las mujeres que van aprendiendo.


Como tercera categoría presento el malestar de los jóvenes ante la violencia. Esta son momentos de malestar que la mayoría de los jóvenes comentan y donde están cercanos a una experiencia de violencia. Estos momentos surgen cuando comienza a terminar el amor con la pareja, cuando se tienen problemas con el padre y en otros momentos. En esta categoría cobra nuevamente centralidad la experiencias de dolor con el padre, y en este sentido se explora la cuarta categoría: El aprendizaje de la violencia. Aquí los jóvenes señalan dónde aprenden la violencia. Ellos manifiestan que esta la aprenden principalmente en la familia, y dentro de esta en la relación con el padre que los maltrata y violenta a la madre. Asimismo, los jóvenes señalan que la violencia también se aprende en los medios de comunicación como la televisión, la radio, el cine, y los medios impresos. De esta forma se confirma el vínculo entre aprender a ser hombre, y aprender a ser violento. En general además de los policías, los maestros y otros jóvenes con los cuales sí se viven momentos de violencia, es al padre a quien se reconoce como agente pedagogo de la violencia de género.


Finalmente se exploran las Alternativas a la violencia. Por esta entenderemos aquellas actividades o personas donde los jóvenes ven (o creen que habrá) mensajes, ideas, etc. que les permita enfrentar una problemática sin violencia. Los jóvenes mencionan dos niveles de alternativas: en primer lugar, señalan que la alternativa está en ellos mismos, por medio de actos como pensar, responsabilizarse, respetarse y otras alternativas. En segundo lugar señalan que la alternativa está en solicitar apoyo a otras personas. De estos señalan de forma secundaria a los hombres (padres, policías y maestros) y brindan más importancia a las otros jóvenes, a las mujeres y a la capacidad personal de expresar emociones y sentimientos.


Por último, en la sección Conclusiones señalo tres líneas generales de reflexión por donde se podrían orientar investigaciones futuras en torno a la violencia de los jóvenes. En primer lugar señalo que hay que hacer visibles a los hombres jóvenes en el tema la salud sexual y reproductiva de los hombres, en segundo lugar que hay que valorar la importancia de estudiar la violencia de los y en los jóvenes como una forma de conocer mejor la violencia de los hombres adultos. Asimismo, la tercera línea de reflexión se divide entres aspectos: i) hay que cambiar la dicotomía poder-dolor que propone los estudios de la masculinidad, por la de violencia-afecto al estudiar la violencia de los jóvenes, pues ellos buscan más esa experiencia que la del poder en sí mismo; iii) para estudiar la violencia de género en la juventud hay que tomar en cuenta la violencia de generación que viven, pues comúnmente se ve a los hombres jóvenes como los únicos responsables de la violencia, y iii) los hombres jóvenes sí desean el cambio, lo mencionan y los buscan para salir de la violencia. Situación muy diferente a la mayoría de los hombres, que mantienen un silencio ante él.


  1. La Salud Sexual y Reproductiva de los Hombres Jóvenes

Para el movimiento de mujeres una temática central son los derechos reproductivos de los y las jóvenes como parte de la problemática de la fecundidad y los riesgos de la mujer adolescente. Asimismo, señalan que la violencia hacia las mujeres es parte de esta problemática (Católicas por el Derecho a Decidir, 1999 y OPS, 1988). Este movimiento señala que existe una urgencia por ejercer derechos, recibir financiamientos, servicios, información y participación para tener «...una educación sexual amplia [que] debería ser obligatoria en las escuelas en todos los niveles. Esta debería incluir aspectos tales como el placer sexual, la confianza y la libertad de expresión y orientación sexual» (Católicas por el Derecho a Decidir, 1999). De esta manera, los estudios sobre las mujeres encuentran en la sexualidad y el ejercicio de la reproducción su punto central (político y académico) para reflexionar sobre la juventud. Con base en esto analiza la identidad de los y las jóvenes como un espacio donde se entremezcla y cruza no solo las diferenciaciones de poder de los adultos, sino además las diferencias de género que el patriarcado impone principalmente a las mujeres jóvenes.

Para este movimiento existen temas centrales en este cruce de diferenciación de generación y edad. Podemos señalar los siguientes aspectos como centrales en este “cruce”:

-La elaboración de diferentes rituales de prueba de la masculinidad y feminidad que pasan por “senderos” diferentes a hombres y mujeres jóvenes:

En los hombres jóvenes esto surge por medio del reforzamiento dramático de la valoración y actuación de la competitividad y la violencia como un valor de calificación de la identidad masculina (los accidentes y la violencia como causas de muerte en los hombres jóvenes aparecen como diferenciadores de género y, como veremos más adelante, tienen un peso estadístico muy grande como para pasar desapercibidos).



En las mujeres jóvenes por medio de brindar centralidad a la reproducción y la internación del control y expectativas sociales sobre el “uso” de su cuerpo y sus “funciones” (estética del cuerpo, menstruación, reproducción, sexualidad, etc..)

-El aprendizaje de una sexualidad parcializada en el placer genital y en la dificultad de integración erótica, en el caso de los varones, así como la idea del romanticismo y la idealización de la sexualidad por parte de las mujeres

-La contradicción homofilia/homofobia; es decir, la relación sentimental o erótica con personas del mismo sexo y la negación social y desvalorización de tal relación. Como consecuencia, se reprime la expresión emocional, sobre todo en el caso de los hombres y el rompimiento de una posible intimidad. (Linero, 2000).

¿Qué significado tienen estas afirmaciones? En primer lugar, que la diferencia entre sexos implica un elemento central para estudiar a los y las jóvenes, pues la carga social y emocional se estructura mediante procesos de socialización sexualmente diferenciados. Pero hacerlo desde esta postura implica colocar a los varones jóvenes en relaciones de poder con respecto a la mujer. Con ello se les asigna roles y status similares a la de los hombres adultos, y se hacen no visibles las diversas particularidades de su vida sexual y reproductiva. En este sentido, P. Bloem señala que para estudiar a la juventud:

Hace tiempo que en el estudio de la salud de las mujeres se aplica una perspectiva de igualdad entre los sexos, en que se examina cómo la diferencia de poder entre varones y mujeres afecta de forma adversa a la salud y el bienestar de las mujeres. No obstante, en los últimos años, una serie de investigadores, teóricos y partidarios de este criterio nos han pedido que reconsideremos algunas de nuestras ideas tradicionales sobre las diferencias de poder entre los sexos y sobre el dominio masculino. Otros investigadores han puesto en cuestión algunos de los presupuestos sobre los varones, y lo que realmente sabemos acerca de la educación social de los varones jóvenes y adultos. (Bloem, 2000)

De esta manera, desde el análisis de género la mirada hacia los y las jóvenes se da reconociendo diferencias de poder que derivan del género, pero no las inequidades de poder que derivan de las generaciones. Ello hace que cuando se estudia la salud sexual, los derechos reproductivos y la violencia de los hombres jóvenes se “borren” las diferencias que tienen con los hombres adultos. Por tanto, hay que reflexionar cómo se articula el poder en los hombres jóvenes desde ellos mismos como género y generación, sin hacer invisible a las mujeres jóvenes.1 Es importante esta última observación pues como señala Bloem: «Comparar simplemente los niveles relativos de riesgo por sexos puede conducir a un debate polarizador y simplista sobre quién “sufre” más o qué sexo se enfrenta a mayores riesgos para la salud... [Por esto, al llamar] la atención sobre las necesidades y realidades de los muchachos adolescentes no debemos dar por sentado que las necesidades de las muchachas también se han considerado e incluido adecuadamente, cuando en realidad generalmente no es así... (Bloem, 2000).

¿Qué dificultades se encuentran al buscar hacer visible la salud sexual y reproductiva de los hombres, y en particular la de los hombres jóvenes? Para AVSC Internacional --agencia internacional reconocida mundialmente por promover, investigar y realizar acciones de política pública que apoyan la participación masculina en la salud sexual y reproductiva-- señala: “No hay un modelo de servicios de salud reproductiva para el hombre que sea comparable con la actual, y bien definida, constelación de servicios de obstetricia y ginecología destinadas a la mujer.” Y concluye: «En realidad, nadie ha definido en qué consiste la atención de salud reproductiva del hombre» (Nell et. al. 1998: 36). Para esta agencia este es un tema a investigar, y señala que habría que terminar con el mito de que al hombre no le interesa el tema de su salud sexual y reproductiva.

En un estudio realizado en diversas ciudades de México define las características centrales de esta problemática para el hombre:

Las políticas y programas dirigidos a los varones deben reconocer a los hombres como personas con procesos y necesidades sexuales y reproductivas específicas, las cuales se articulan a partir de la conjunción de aspectos biológicos, biográficos el género, la clase y la etnia. (Aldaz et. al., 1999)

Esta definición se encuentra en un estudio realizado por AVSC con grupos focales y entrevistas a profundidad entre hombres de 15 a 55 años (también se entrevistó a mujeres, pero no se da la información soicodemográfica de ellas). En él se señala que los entrevistados parten de una dualidad para definir la salud de los hombres: estar sano para un hombre consiste en tener “capacidad física”, y con ello se mantiene el “equilibrio” y resistencia al dolor. La enfermedad, por otra parte, consiste en la “debilidad física” de los cuerpos de los hombres. De esta forma, la dualidad sano/enfermo se traduce en fortaleza/fragilidad cuando se la habla de la salud de los hombres. A partir de esta dicotomía --que tiene fuertes connotaciones de masculinidad-- se reconocen cuatro factores que afectan la salud de los hombres: i) los riesgos de la salud asociados con el ámbito público (por comer en la calle, ir a baños públicos, accidentes de trabajo, riñas callejeras y/o asaltos), ii) las tensiones emocionales asociadas a los roles de género (el ser proveedor del hogar), iii) las estrategias para enfrentar las tensiones emocionales (por problemas de comunicación con la pareja y otros hombres se cae en el consumo de alcohol y la violencia doméstica) y iv) la actitud de los hombres respecto a su salud (donde la salud se mide en función de su capacidad de trabajar, más los horarios inaccesibles de las instituciones). A partir de estos cuatro ejes, los investigadores de AVSC reconocieron temas centrales que preocupan a los hombres sobre su salud sexual y reproductiva: a) inicio de su vida sexual, b) enfermedades de transmisión sexual, c) significados y comportamientos anticonceptivos, d) participación del varón durante el embarazo y d) paternidad.

¿Cómo y dónde aparecen los hombres jóvenes en esta investigación? Al analizar el reporte se reconoce, por ejemplo, que los hombres jóvenes tienen mayor información sobre el VIH obtenida a través de escuelas, amigos o medios de comunicación. En la anticoncepción se señala que los jóvenes tienen disposición para usar estos métodos. Paradójicamente los hombres jóvenes sólo son mencionados en dos puntos de los temas centrales, ¿Porque?. Debido a que en el estudio los hombres jóvenes son poco diferenciados de los hombres adultos. De esta forma, el discurso y las opiniones de los jóvenes se entrecruza con las necesidades de los hombres adultos, y se encuentra poco visibles y diferenciadas.

De hecho, ello se refleja en las conclusiones del estudio. De 12 puntos2 solo hay uno dedicado a los hombres jóvenes: “Fomentar la educación sexual para los adolescentes”, y en él se reduce su participación a la reeducación para la salud sexual y reproductiva. De esta forma, se mira a los jóvenes como personas en transición hacia la adultez, cuya única necesidad es ser educados. En otros puntos de las conclusiones también se menciona a los jóvenes: en el segundo punto aparecen los jóvenes cuando se señala que “tanto los adultos como los jóvenes” creen que las mujeres tienen más deseo sexual que los hombres, y que en la juventud se tuvo más erección que en la edad adulta. En el punto 7, donde los jóvenes narraron que “en reuniones entre hombres es común que se practiquen penetraciones del compañero que `perdió´ el control o el sentido por el consumo de alcohol”. En el punto 8 donde “algunos jóvenes reconocieron abiertamente tener conductas violentas” y que contrasta con la dificultad de los hombres adultos para reconocerla. En el punto 9 donde se señala que los jóvenes debieran recibir orientación de las medidas anticonceptivas usadas. En el punto 10 donde los jóvenes critican los servicios de salud y comentan que requieren espacios para hablar de su sexualidad y la anticoncepción. Finalmente, en el punto 11 donde algunos jóvenes señalan haber recibido información de anticoncepción, ETS, y cáncer de próstata en el ámbito del trabajo.

Los jóvenes comúnmente son mencionados de forma marginal, o por breves espacios son mencionados para diferenciarlos de las voces y opiniones de los hombres adultos. No son mencionados en los puntos 1, 3, 4, 5, 6 y 11, sólo aparecen a partir del punto 7: en el tema de alcohol. También aquí aparecen de manera poco relevante, y en pocas ocasiones se les cita para marcar las diferencias con los adultos. ¿Significa esto que los jóvenes tienen las mismas necesidades de los adultos en temas como el cuerpo, la crianza de los hijos, los padecimientos prostáticos y sus medidas preventivas y las ETS ? Simplemente pensemos en el tema uno: el cuerpo. El cuerpo de los jóvenes es diferente social, biológica y culturalmente al de los hombres adultos, pero también tiene similitudes con él. Y para entender las similitudes hay que entender las diferencias que no son mencionadas en el trabajo. No se diga las diferencias entre la concepción de la paternidad para un padre adolescente y un adulto, o las ETS adquiridas a temprana edad comúnmente por invitación de un adulto, o cuando apenas inicia la vida sexual.

De esta forma, si bien el tema de hombres adultos y la salud sexual y reproductiva es nuevo y poco investigado, el de los jóvenes lo es menos. Por esto, es importante que evitemos hacer invisible las necesidades específicas de los hombres jóvenes, y es necesario que diferenciemos de manera más profunda su problemática específica.



  1. Masculinidad y juventud

¿Porqué los hombres jóvenes son poco visibles cuando se reflexiona sobre la salud sexual y reproductiva de los varones? ¿Qué relación tiene esta salud con la violencia de género? La primera problemática se debe a que existen relaciones de poder entre los hombres adultos y los jóvenes, y este vínculo de poder no es visible en la salud sexual y reproductiva si no se toma en cuenta la construcción de la masculinidad de los hombres, y la de los hombres jóvenes en particular. Asimismo, esta masculinidad es el punto de “visibilización” de la violencia de los hombres, pues reflexiona sobre el poder y abuso de poder de los hombres. A partir de esta perspectiva de la masculinidad las dificultas que enfrentan los jóvenes para conocer y atender la salud reproductiva y la sexualidad masculina no son tan diferentes que la reflexión sobre la delincuencia de los hombres, la guerra masculina, la violencia al padre, o la violencia de los muchachos en la escuela, en la calle o en la casa. La masculinidad hace visible a la violencia de los hombres en diversos espacios, sirve como hilo conductor que une y permite ver las diferencias de los jóvenes y adultos. Así, la masculinidad surge como una constante explicativa, pero ¿Qué es la masculinidad?.

Por masculinidad entenderemos los estudios que reflexionan sobre la forma en los hombres llegan a ser hombres. Los primeros estudios sobre la masculinidad surgieron desde la antropología, pero no toman en cuenta las relaciones de poder que hay entre los hombres, y entre hombres y mujeres. Por ello, nos centraremos en los estudios que surgen desde el feminismo. Esta corriente parte del “feminismo radical” que coloca a la violencia contra las mujeres como el eje de su reflexión. Robert Connell señala que la masculinidad debe entenderse como prácticas que realizan hombres (o mujeres) que “comprometen” sus cuerpos a una cultura que produce y reproduce relaciones “masculinas” mundiales globales de violencia, trabajo, sexualidad y auto-interpretación. En ellas la dominación se da de los hombres hacia las mujeres y entre hombres, por medio de la reproducción, el poder, la catexis y la simbolización (Connell en Valdés y Olavarría, 1997 y Connell en Valdés y Olavarría, 1998).

Por otro lado, Kaufman señala que los hombres tienen un “nexo” con la masculinidad hegemónica que les brinda beneficios y privilegios. Para él esta relación demanda suprimir las emociones y necesidades de los hombres, y por ello el poder de la masculinidad dominante se convierte en fuente de “enorme dolor” para los hombres (Kaufman en Valdés y Olavarría, 1997). En este mismo sentido Víctor Seidler comenta que el poder de los hombres también surge del mismo proceso en que ellos asimilaron su rol: los hombres como seres racionales que tienen el poder y el control. De esta forma, para este autor los hombres culpan a las mujeres por sus fracasos y guardan silencio sobre lo que sienten ante ellos (Seidler, 2000). Finalmente, Gregory Lehene señala que la masculinidad es el control que ejercen los hombres sobre otros hombres para mantener el rol masculino, y debido a ello surgen fuertes experiencias homofóbicas entre ellos.

De esta forma, estos autores coinciden en que la masculinidad se traduce en formas de ejercer el control y el abuso de poder sobre las mujeres y otros hombres. Y que al hacerlo hay elevados costos emocionales para los hombres. Así la masculinidad está relacionada íntimamente con la violencia. ¿Es esta la misma experiencia para los hombres jóvenes? ¿También ellos ejercen el poder y sienten el mismo dolor que los hombres adultos? Sue Askew y Carol Ross, en una investigación que realizaron en escuelas señalan que para “madurar” los jóvenes deben demostrar su masculinidad y esconder su vulnerabilidad (Askew y Ross, 1988). Comentan que la masculinidad es parte de la estructura social y que ésta debiera explicarse primero antes de colocar a los chicos como “el problema” o “los malos”. Estas autoras señalan que los medios de comunicación presentan jóvenes duros, fuertes, agresivos, independientes, valientes, sexualmente activos, racionales, inteligentes, etc. Señala que al asumir esos roles los jóvenes viven una situación de conflicto entre ser “chicos” y ser hombres, pues el “ser hombre” les demanda además de la agresividad, posiciones negativas hacia las mujeres en general (situación que a su vez se matiza en cada hombre con las diferencias de clase y raza). De esta forma:

La agresividad y la conducta ruda son bien vistas en los chicos, la explicación suele ser que se les anima a ser duros y saber defenderse solos. Esto no es una llamada abierta a la violencia, sino más bien un mensaje de que es buena [la violencia] mientras no se lleve a extremos, que es una forma adecuada de “cuidar de uno mismo” y puede, en muchas ocasiones, ser una forma de aumentar el status social entre los demás. Quizá el mensaje más importante que los niños aprenden es el que deben de evitar a toda costa que los demás piensen que les da miedo pelear. [...] Los chicos pueden ser recompensados con la aprobación de sus padres por comportarse de forma ruda. (Askew y Ross, 1988).

En otra investigación sobre los jóvenes en Nicaragua la autora señala que los jóvenes ven con dificultad las ventajas y los privilegios de ser hombres, pero que es “más difícil” que estos reflexionen sobre los inconvenientes de la masculinidad, pues «Todos los muchachos se mostraron encantados con su condición masculina. Ninguno de ellos consideró muy interesante ser mujer, frente a muchas jóvenes que expresaron su deseo de haber nacido varón ante las ventajas y libertades que ellos disfrutan» (Abaunza, 1995) Y, sin embargo señala la autora que los jóvenes ven que el costo de conservar los privilegios de ser hombre es muy grande, como lo comentaron los mismos entrevistados, ya que tienen que observar en todo momento las reglas del “ser hombre”, lo que implica correr riesgos para la salud como drogadicción, las muertes violentas para demostrar la falta de emociones, entre otros.

De igual forma, estas mismas problemáticas son comentadas y documentadas en México por las estadísticas. En estas se señala que el 74.9% de las muertes ocurridas en jóvenes de 14 a 35 años en 1997 en el Distrito Federal, fueron de hombres. Asimismo, el 90.8% de los menores infractores ingresados al Consejo de Menores, también en 1997, fueron hombres. (INEGI, 1998). En lo que a violencia sexual se refiere, el CTA señala que en 1997 el Centro de Terapia de Apoyo a víctimas de Delitos Sexuales señalaba que el 14% de los delitos realizados por conocidos no familiares lo perpetraron los novios (Coriac, 1998). De hecho Luis Bonino, respecto a los accidentes de tráfico que tienen los jóvenes en Argentina señala:

Los jóvenes que mueren por accidentes, implican un alto costo social más aún en los varones. La realización de acciones que tiendan a disminuir las cifras de mortalidad por esta causa, deben por ello incluirse en las preocupaciones de Sanidad y la atención de Estrategia Primaria de Salud. Esto supone definir a los varones jóvenes como “grupo de riesgo” y desarrollar prácticas que contemplen las situaciones individuales, familiares, sociales y de inseguridad ambiental. Pero también implica, acciones que promocionan la revisión operativa y desde lo cotidiano [...], de los mitos, modelos y estereotipos de masculinidad vigentes, condicionantes, no solo del sometimiento de la mujer, sino además, del descuido suicida por la propia vida del varón. (Bonino, 1989).

De esta forma, la violencia en los jóvenes, es medida con base a manifestaciones conductuales inferidas, no directas donde las creencias de género son actuadas, pero no analizadas y reflexionadas. Es decir, se estudia y conoce sobre la violencia más por sus consecuencias (drogadicción, pandillerismo, violencia hacia la mujer, accidentes de tráfico, etc..) y no se estudia la conducta en sí, ni a quien la ejerce: los hombres jóvenes en este caso. Es interesante observar que los mismos jóvenes ven a las conductas violentas como el problema, pero no a ellos mismos. Por ejemplo, en un taller con hombres y mujeres jóvenes cuando a éstos se les preguntó sobre su violencia señalaron que: “...no creo que la juventud sea violenta: el mundo es el violento, y hay que hablar de la violencia de los padres a los hijos...” (CORIAC, 2000). Los jóvenes ven la violencia que viven y de la que son objeto, pero no la que ejercen pues ella está comúnmente naturalizada por ritos para que sean hombres. Lo paradójico es que el mundo de la adultez demanda esas actitudes y luego las castiga, y que el joven realiza los actos de riesgo y agresividad, y luego se daña y lastima a él y otros/as. Y la sociedad dice que “está bien” que sea hombre, pero que merece castigo que dañe o se dañe. ¿No es este mensaje social contradictorio para los jóvenes? ¡Cuando la violencia y el ser hombre son los mismos aspectos de la moneda! Ese mensaje contradictorio genera una juventud contradictoria. Pero finalmente así de contradictoria es la masculinidad.


  1. Violencia de género en los hombres jóvenes


En el Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias, AC (Coriac) realizamos una investigación a mi cargo con el fin de impulsar la tercera campaña de Hombres contra la Violencia Hacia las Mujeres. El objetivo de la campaña era sensibilizar a los jóvenes mediante materiales y actividades sobre la violencia de género. Sin embargo, queríamos construir un mensaje que incluyera el discurso de los jóvenes y decidimos realizar grupos focales para conocer qué significado le brindan a la violencia de género los y las jóvenes y cómo la articulan --si lo hacen-- con otras experiencias de violencia.


Para realizar esta investigación partimos del marco metodológico de la construcción del conocimiento, que sostiene que la actuación de los sujetos sociales se da con base a las propias conceptualizaciones sobre la realidad que se va construyendo. Esta propone que con base en esta y en su continua modificación, los sujetos dan sentido y significado a su actuar. Asimismo, esta teoría sostiene que existen procesos afectivos que los sujetos sociales generan en el proceso de “dar sentido” y significado a la realidad, y con base en ellos resignifican su actuar en determinados contextos de interacción social (Ritzer, 1993). De igual forma, se adoptó el enfoque de género que permitió partir del principio de que cada sujeto tiene una diferencia sexual, y una construcción de género construida con base a esa diferencia. De esta forma, reconocimos que no existía neutralidad en nuestra investigación, sino que era central que asumiéramos nuestra posición de hombres y/o mujeres adultos/as que tienen una relación no solo de poder con los jóvenes, sino además experiencias y vivencias muy específicas con respecto a la violencia y su juventud (Jones en Pilcher y Catey (eds.), 1996 y Oakley en H. Robert (ed), 1981). Con base en ello, al preguntarles a los jóvenes en realidad nos estábamos preguntando a nosotros, y el reflexionar con ellos reconocíamos nuestras propias experiencias y conocimiento.


Con base en estas ideas realizamos 19 grupos focales en escuelas y organizaciones que trabajan con hombres y mujeres jóvenes. Los grupos tuvieron la participación de 222 jóvenes (105 hombres y 117 mujeres) y la pregunta “generadora” que exploramos fue: “¿Cómo viven ustedes la violencia?” después de realizar una dinámica sobre la perspectiva de género. Decidimos hacer los grupos focales de hombres y mujeres separados, pues tuvimos la experiencia de dos talleres donde observamos que los y las asistentes hablaban de forma parcial y poco personal la violencia de género. Cuando hicimos los grupos con un solo sexo vimos que había más libertad para expresarse y de hecho las interacciones entre los jóvenes fueron mayores y más dinámicas. En total realizamos 9 grupos con hombres y 8 grupos con mujeres. Algunos datos sociodemográficos son: el 80% tenía entre 12 y 19 años, el 87% era soltero/a y el 64% señaló que “no trabajaba”. Asimismo, el 87% dijo no tener hijos/as y el 98% que vivía con al menos un familiar (padre, madre, hermano, tío/a, primo, abuelo/a, etc..). Con base en esto, podemos decir que salvo los jóvenes del Centro de Atención eran jóvenes comunes y corrientes que dependían aún del ingreso de la familia, pero que ya empezaban a aportar algo de dinero. Asisten a la escuela y salvo raros casos tienen hijos.


¿Qué encontramos en los grupos focales? A continuación presento algunos resultados que considero relevantes. Sin embargo, es importante señalar que presentaré sólo los resultados de los hombres jóvenes por problemas de espacio, y porque me interesa explorar su experiencia. Reconozco que al no analizar el discurso de las jóvenes renuncio a una mirada que nos daría una visión más amplia de la violencia masculina. Asumo ese riesgo y lo desarrollaré en otro espacio, pero en este sólo deseo presentar el análisis de la violencia de los hombres jóvenes y como ellos la entienden y problematizan.


Del análisis del las sistematizaciones de los grupos se obtuvieron diversas categorías que nos indican qué entienden y cómo viven los jóvenes la violencia de género. Las categorías son: las direcciones y tipos de violencia, las creencias sobre la violencia, los malestares que los jóvenes enfrentan en la violencia, el aprendizaje de la violencia, y las alternativas a la violencia. Estas categorías son una primera aproximación al estudio de la narrativa de los jóvenes. La considero un primer paso importante y principalmente descriptivo que brinda líneas de reflexión interesantes. Sin embargo, apenas estamos iniciando el conocimiento sobre la complejidad de la violencia en los jóvenes.




III.1 Los tipos y las direcciones de la violencia.- Al hablar los hombres jóvenes sobre la violencia que viven señalan que existen de diverso tipo, y que esta se da hacia determinadas personas y en determinados lugares. En general los jóvenes señalan que la violencia que viven es física, emocional, sexual, verbal y económica, y que además, viven situaciones de drogadicción, alcoholismo y delincuencia. Asimismo, señalan que viven la violencia en diversos espacios: la calle, en las instituciones escolares y centros de adaptación, en la casa y en el trabajo (cabe señalar que el trabajo no fue estudiado pues la mayoría de los jóvenes no lo mencionó).


Además de estos aspectos, los jóvenes señalan que la violencia tiene una dirección: i) la violencia que ejercen los adultos/as hacia los jóvenes, ii) la violencia que se ejerce entre hombres y mujeres jóvenes; iii) la violencia entre adultos y adultas y que presencian ellos, y iv) la violencia de los y las jóvenes hacia los adultos/as. La dirección es el primer elemento que ellos consideran importante, en segundo lugar los espacios donde se ejerce la violencia, y hubo poca reflexión sobre los tipos de violencia. Al parecer, esto se debe a que para ellos es importante mencionar la violencia de la que son objeto y dónde la viven, más que diferenciar los tipos de violencia y las especifidades del maltrato. Por esto, para su análisis organizamos la información con base a la dirección y el lugar.


  • La violencia de los adultos/as a los hombres jóvenes. Esta es la violencia que reciben los jóvenes de parte de los adultos. Los jóvenes señalan que la violencia que más reciben son del padre y los policías. La violencia es física, emocional, económica y verbal. No se mencionó la sexual, pero no descarto esta problemática. La escuela y el centro de apoyo también son lugares donde los jóvenes viven esta violencia. En general, la violencia que reciben es sumamente intensa y se observa mucho enojo, coraje y tristeza en ellos cuando la narran.


a) En la casa: En casa la única violencia mencionada es aquella que ejercen los padres contra los hijos. Esta se da porque i) el padre desea mostrar una imagen de hombre dominador y de autoridad: “Existe un dominio del hombre hacia los demás. Hay un padre muy controlador y una violencia terrible para mantener una imagen” y “Una vez llegué tarde y mi papá se enojo y me dejo a fuera en la calle. Todo fue por que no pedí permiso”; ii) por menosprecio del padre hacia el hijo: “Los papás creen que son los que tienen la experiencia y no dan la oportunidad de fallar. Existe un menosprecio, y es algo muy fuerte y que duele mucho. Va contra la autoestima. Tanto le dicen a uno que no puede, que uno cree que no puede”; iii) por problemas de alcohol: “[Es violencia] Cuando tu papá llega borracho y te pega por cualquier cosa, o cuando le pega a tu mamá o discuten entre ellos. Luego se desquitan con los hijos”. De esta forma, los jóvenes reconocen que la figura violenta en el hogar es el padre. Este violenta por mantener su autoridad, por rechazar al hijo y por el alcoholismo. En general no aparece mucho --ni aparecerá más adelante-- la expresión de las emociones ¿Cómo se sentirán los jóvenes con la violencia de una figura tan cercana?.


b) En la calle: Los jóvenes señalan que reciben violencia de la “sociedad” cuando los califica de “drogadictos”, pero son los policía quienes son más mencionados. Viven la violencia de parte de los policías en las siguientes situaciones:

i) Los jóvenes comentan que hay violencia cuando los policías les quitan sus pertenencias o su dinero, “La policía municipal es muy manchadita, nos atracan y nos quitan la bici”, “La policía también representa un problema, pues es común que al caminar por la noche los sorprendan [a los jóvenes] y los suban a las patrullas para extorsionarlos o quitarles sus pertenencias. Todo con el pretexto de que somos delincuentes”, “Tu andas en la calle y los polis te agarran y te llevan a la delegación y ahí te meten cosas para que les des dinero” y “La policía se cree con el derecho de ejercer violencia contra las personas, pero si tienes dinero no te hacen nada”.

ii) Los jóvenes también señalan que viven violencia de la policía por su apariencia: “Si trabajas y te ven manchado de las manos, eres chemo y te suben [a la patrulla]”, “Porque te ven mal vestido creen que eres ratota...”, “...como en la escuela trabajo con solventes y pintura, se me impregnó el olor. Llego la patrulla y me querían llevar que por que olía solventes. Dijeron que era drogadicto...”.

iii) Finalmente, los jóvenes señalan que la siembra de droga es un recurso común de la policía para violentarlos: “La ley [en alusión a la policía] te agandalla, te `basculea´ y te siembra mota”, “Te meten caca, mota, tienes que estar en casa temprano, ¿Y si trabajas?”, “Hay veces que por estar parado en la calle, llega la patrulla, y te meten droga, te golpean”. De esta forma, las extorsiones materiales y económicas, la siembra de mota y la agresión por la apariencia se cruzan con golpizas, amenazas, detenciones y otros tipos de violencia que los jóvenes reportan de parte de los policías.


Sobre la violencia de los policías hacia las mujeres los jóvenes sólo la mencionaron una vez: “Algunos policías se quieren manchar con las chavas”. Pienso que la mencionan poco pues o bien, la violencia hacia ellas no es muy común, o porque los jóvenes están muy centrados en ellos, y la violencia hacia las mujeres no es vista o se ve como natural. Más adelante profundizaremos sobre esto. Por lo pronto, podemos decir que en general los jóvenes ven en los padres y en la policía los principales agentes represores, y que el hogar y la calle son los espacios de más violencia hacia ellos.


c) En las instituciones como Centros de Atención.- En la sociedad también hay instituciones que violentan a los jóvenes, aunque supuestamente son espacios de “readaptación”. Los jóvenes que viven en reclusión comentaron que reciben violencia de la Dirección, los custodios y otros jóvenes. Sobre las Direcciones del Centro a donde asistimos señalan: “Cuando hacíamos algo te golpeaban, y por ello peleas. El Director no nos tomaba en cuenta, no nos escuchaba. Además no nos daba ropa, nos daba chanclas en lugar de zapatos [...] Durante cuatro meses andábamos descalzos. Ahorita andamos en chanclas.” Y “En la otra Dirección nos ponían a barrer, nos decían madres. Había una indiferencia. En el taller a veces necesitábamos cosas, si te peleabas, te daban en tu madre”. Sobre los custodios comentan: “Además, en los reclusorios también [hay violencia]. Cuando los custodios te hacen cosas o te dicen de cosas. Es un tipo de condena”. La violencia que se ejerce contra los jóvenes en estas instituciones es física y económica principalmente, y también es ejercida por figuras de autoridad masculinas como el Director y los custodios.


En las instituciones escolares: En las escuelas la violencia de los adultos es menos reportada que en la calle o el hogar. Se señala a los “maestros” como responsables, sin distinguir sexo. Se menciona la violencia física y sexual. Sobre la física señalan: “Los maestros también te pegan o te castigan cuando no haces bien las cosas o las tareas. Te avientan el borrador o lo que sea”. Sobre la sexual: "Los maestros también llegan a violar a las chavas”. A pesar de que no se habla mucho de la violencia sufrida en este espacio, es interesante observar que aquí sí se menciona la violencia sexual, y predomina la física de diversas formas.


En general podemos decir que la violencia que viven los jóvenes es de parte de los adultos de sexo masculino. Padres, policías, Directores, custodios y maestros son en su mayoría hombres que ejecutan de forma sistemática violencia económica, física, verbal y emocional hacia los jóvenes. ¿Que relación tiene esto con la masculinidad? Con base en esta información, podemos decir que los jóvenes al interaccionar con otros hombres aprenden que el rol de estos es ser violento. Que los hombres son quienes violentan en la sociedad tanto a otros jóvenes como a las mujeres jóvenes.


  • La violencia entre mujeres y hombres jóvenes. Por esta violencia entenderemos la violencia que se ejerce entre los y las jóvenes del mismo sexo, o entre jóvenes de sexo diferente. En esta los jóvenes no narran la violencia que viven en el hogar o en los Centros de Atención. Se vuelve a hablar de la violencia que se vive en la calle y se menciona a la escuela. Son poco mencionados los centros de atención y la casa. Sobre el primero considero que no se narra la violencia que ellos ejercen porque tal vez los jóvenes consideran que si hablan sobre su propia violencia podrían vulnerarse al interior mismo de la institución, y al hacerlo piensan que invalidarían sus legítimas quejas hacia la autoridad. En segundo lugar, si bien el hogar es uno de los espacios donde reciben más violencia del padre, no es donde más interactuan con otros jóvenes. Ello parte de la lógica de que el espacio masculino no es la casa, sino la calle o la escuela. Veamos qué dicen los jóvenes:


a) En la calle: Los jóvenes narran la violencia que se vive en la calle entre ellos o hacia la mujeres jóvenes. En primer lugar señalan la lucha que existe alrededor de las bandas: “[La violencia son] Balaceras, principalmente entre jóvenes, o pleitos y golpes entre bandas”, “Hay varias formas de rifársela para entrar [a la banda], la que más se usa es ponerte en la madre con tres bueyes. Si no te `abres´, vas pasando y ya te aceptan. Otra [forma de entrar] es que en las broncas le `entres´ y no te `abras´” y “Se vive la vida por medio de golpes en las pandillas”. En segundo lugar esta la violencia que existe entre hombres jóvenes a nivel individual: “En la calle cuando se pelean y luego se dicen de cosas, como `te voy a matar´ o cosas así”, “Cuando te compras ropa o cosas así, te maltratan o te queman con un cigarro o te dicen que eso no te queda o te ves mal”, “Cuando hay tocadas la gente se calienta y comienzan los madrazos”. Cabe señalar que tanto la violencia en bandas, como la individual ocurren juntas, la diferencia es la mención de la banda. Por último, en tercer lugar, se menciona la violencia que se ejerce hacia y entre las mujeres jóvenes: “De todas las chavas que conozco solo tres de ellas van a la escuela. Las demás se juntan con chavos banda y ellos las agreden tanto física como verbalmente, pero es porque no se dan a respetar”, “Mataron a una chava a 7 puñaladas” y “[Es violencia cuando] A veces con las chavas, cuando les dicen de cosas o cuando las violan”.


b) En las instituciones escolares: En la escuela los jóvenes reconocen más violencias hacia las mujeres. Esta principalmente se centra en la emocional: “Si una chava no te cae bien le creas mal espejo en la escuela hablando mal de ella”, “[Es violencia] Andando con varias chavas en la escuela” y “La infidelidad en la escuela, ya que es un tipo de violencia”. Sobre la violencia entre ellos en la escuela se menciona la violencia física: “Entre dos chavos se pelean por una chava” y “En mi escuela aventaron un petardo y le dieron a un chavo, y lo mandaron al hospital”. También la violencia sexual se encuentra en las escuelas: “Yo me enteré de dos chavos que violaron a una chava y no les hicieron nada, solo los expulsaron de la escuela y ya”. Pero la violencia emocional al parecer es el recurso más común entre los jóvenes, o hacia las mujeres, en el ámbito escolar: “Yo creo que es la violencia psicológica la principal forma, por ejemplo cuando hablas bien de alguien y luego ya no, incluso insultas, para molestarlas en lo que más les duela”. De hecho, la combinación de ambas (violencia física y emocional) es también muy frecuentes entre los jóvenes:


Facilitador: ¿Cómo es la violencia entre ustedes en la escuela?

Joven T: La violencia entre nosotros es `llevarse pesado´

Facilitador: “¿Qué es `llevarse pesado´?

Joven U: Nos pegamos jugando, decimos groserías, a mochilasos y a madrazos


Facilitador: ¿ Qué es `llevarse´ entre ustedes [en la escuela]?

Joven O: Llevarse son mentadas, madrazos, apodos, o cosas así; pero luego hay putos que no aguantan.

Joven F: Sí, es violencia porque empiezan las palabras y se van haciendo más fuertes.

Joven H: El que no se lleva es puto

Facilitador: ¿Qué es ser puto?

Joven R: Los que sí se llevan pero no a madrazos, nada más apodos, empujones, pero golpes no.

Joven O: Sí, existe porque cuando yo y otro compañero nos llevamos y cualquiera no se aguanta empieza a discutir o a los golpes. [Silencio] También hay unos que no se llevan, pero tampoco los puedes obligar a que se lleven.


Joven 1: Hay quienes `aguantan´ y los que `no aguatan´. La diferencia es que los que `aguantan´ se integran y los que no, pues no.

Joven 2: Los que no se aguantan son las `niñitas bonitas´ del salón. Son los `jotos´ que no se dejan maltratar.

Joven 3: Ellos echan desmadre y no se aguantan. Para ser del grupo hay que `aguantarse´ y no ser chismoso.

Joven 2: Una condición para estar en el grupo es `aguantar´.

Joven 4: Eso nos va servir para saber con quien podemos contar


La violencia en la calle y en la escuela es muy importante para entender la construcción de la masculinidad de los jóvenes. En la calle la violencia para entrar a la banda, entre las bandas y de la banda hacia los jóvenes son formas de aceptación social que se dan por hechas entre los muchachos. En la calle el “no abrirse” y el “entrarle” a los pleitos con otros jóvenes son elementos similares al “llevarse” y el “aguantarse” en la escuela. Ambos indican dos cosas: a) hay una gran importancia del grupo o la banda para los jóvenes. La grupalidad es central para los hombres jóvenes. Pero al igual que ella, la violencia para entrar y permanecer en la banda --o el grupo-- son importantes. De esta forma, la violencia pareciera común, natural, pero sobre todo un requisito indispensable para que los hombres jóvenes entren a los grupos con otros jóvenes. B) En segundo lugar la construcción de estos grupos indican fuertes elementos de odio hacia “lo femenino” o hacia aquellos hombres que se muestran no fuertes, no duros y no aguantadores. ¿Qué significa que uno “se abrá” en un pleito en la banda? ¿Qué significa que uno no se lleve a golpes y groserías en la escuela? Además de no ser tomado en cuenta por la banda o el grupo hay toda una clasificación y etiquetación hacia estas personas. Esta se da en sentido femenino: “puto” y “niñita bonita”, y siempre tiene connotación negativa. Por ello, podemos decir que si afuera de la banda o el grupo están quienes son “niñas” y por ello “femeninos”, al interior del grupo o la banda están quienes son niños y por ello masculinos.


De esta manera, estar en el grupo es una representación simbólica de estar en lo masculino o entre los hombres. Afuera están lo femenino y/o las mujeres. Para permanecer en el grupo o la banda, hay que usar principalmente la violencia física, “aguantar” y “entrarle”. Por ello: grupalidad, violencia y masculinidad comienzan a adquirir importancia en las experiencias de los jóvenes.


c) La violencia hacia mujeres jóvenes: Independientemente del espacio los jóvenes señalan que sí se ejerce violencia hacia la mujer de parte de otras mujeres y de los hombres. Sobre las primeras comentan que es por la rivalidad con otras mujeres: “También las mujeres son agresivas y se golpean entre ellas por rivalidad. Además de que ellas también roban” y “Entre ellas existe mas rivalidad que entre hombres. Ellas se dicen mas de cosas, se hacen señas y solo por eso se golpean incluso de rodillazos”. Asimismo, la violencia de los hombres es física y emocional, y se da por celos o por infidelidad: “En una fiesta un chavo le dio un golpe a su chava, ella se asustó mucho, y todo porque otro buey la saco a bailar.” y “[Los jóvenes violentan a las mujeres] Principalmente agrediéndolas sentimentalmente. Por ejemplo, cuando andas con 3 chavas al mismo tiempo. Ellas después quieren hacer lo mismo, incluso ellas lo ejercen mas violentamente contra los hombres. Se vengan”.


La violencia hacia las mujeres que los hombres jóvenes señalan tiene dos dimensiones: por una parte se reconoce que existe violencia de los hombres jóvenes hacia ellas, por ejemplo violencia física, verbal y sexual son las formas de violencia más comentadas, y esta se da principalmente en la calle. En la escuela casi todas las violencias son mencionadas (verbal, emocional, física y sexual). En varias historias surge el comentario: “es porque ellas se lo buscaron” o “no se daban a respetar”. Pero esta última visión de culpar a la mujer surge más cuando se comenta el último bloque de violencia hacia la mujer: de cuatro narraciones que brindé en la sección “La violencia hacia mujeres jóvenes”, en tres se reconoce la violencia hacia la mujer, pero también se comenta que en última instancia “ellas se lo buscaron” o ellas “son igual o más agresivas que los hombres jóvenes”. De esta forma, se puede afirmar que para la mayoría de los hombres jóvenes la violencia hacia la mujer tiene su causa o explicación en algo que ellas hicieron.


  • La violencia de los adultos/as a otros adultos/as. Los jóvenes narran poco la violencia de los y las adultos/as. No platiquen de eventos o experiencias en la calle o en las instituciones (centros de atención y escuelas). Principalmente la narren en el hogar. De esta forma, los jóvenes platican poco de la delincuencia, de la drogadicción o de la corrupción entre adultos ¿Porqué será así? ¿Se deberá a que este mundo se encuentra absolutamente alejado de los jóvenes, y por ello tienen una abrupta entrada a él con la adultez? ¿O será que ellos deciden silenciar su participación en la violencia de los adultos por motivos que desconocemos?. Como otros, estos son temas a investigar.


a) En la casa: Los jóvenes relatan la violencia que observan entre adultos principalmente como pleitos de pareja con diversas dimensiones. En su mayoría comentan hechos de violencia donde el hombre (padre o pareja) ejerce diversas violencias hacia la mujer (madre o pareja): “Mi papá llegaba cansado y fastidiado a la casa. Y él y mi mamá se peleaban”, “[Es violencia] cuando tu papá le pega a tu jefa. También te daña psicológicamente”, “[Es violencia] Cuando mi papá le pega a mi mamá” y “Yo vi como un buey le pegó a su vieja, la agarró a escobazos fue en la noche y se oía como gritaba”. Otro joven relata “..una ruca sacó a escobazos a su viejo porque estaba con otra vieja y los agarró en pleno acá. Los vecinos que estaban viendo sólo se comenzaron a reír de los dos”. De esta forma, podemos decir que en general la violencia que presencian los jóvenes de los adultos es violencia masculina hacia la mujer en el contexto de relaciones de pareja ¿cómo estarán aprendiendo los jóvenes a tratar los problemas en la pareja?. Los jóvenes observan todas las gamas de violencia, desde la verbal y emocional hasta la física y la sexual. La violencia se realiza dentro o cerca al hogar, donde la comunidad muestra una actitud pasiva ante ella y hasta de risa y burla. ¿No se supone que el hogar es el lugar más seguro para todos/as? Más adelante veremos cómo el hogar y sus alrededores se convierten en un importante centro de enseñanza de la violencia para los jóvenes.


  • La violencia de los/as hombres y mujeres jóvenes hacia los adultos/as. La violencia que los jóvenes ejercen hacia los adultos también es poco vista o narrada. Esta se encuentra principalmente en la casa y en la calle. En las instituciones (escuela y centros de atención a jóvenes) no es mencionada.


a) En la casa: Los jóvenes usan la violencia física, verbal y emocional contra el mundo adulto: “Cuando los papás te hablan y les das el avión o no les haces caso o los tiras de a locos. Les gritas o los amenazas” y “El hijo también se le va a golpes al papá..”. Como se observa no se habla de la violencia de las mujeres jóvenes hacia los adultos, pero sí existe el reconocimiento de la violencia masculina hacia ellos/as. En general, estos eventos son narrados como dolorosos y con vergüenza y coraje. A diferencia de la violencia entre jóvenes, con el “llevarse” y el “aguantarse”, los jóvenes muestran una mezcla de pena y coraje (¿culpables?) de ejercer esta violencia.


b) En la calle: al igual que en el punto anterior, los jóvenes tienen una actitud ambivalente hacia su violencia contra el mundo de la adultez. Por una parte la aceptan, y por otra la niegan. Veamos dos ejemplos:



Joven Ñ: El otro día sólo porque le dije suegra a una señora me hizo una seña.

Facilitador: ¿Y el decirle suegra no es violencia?

Joven F: No

Facilitador: ¿Y porqué el que te haya hecho una seña sí lo es?

Joven D: Porque tiene un significado, es pito, verga, es una seña obscena.


Facilitador: ¿La droga es violencia?

Joven W: Sí, para tu familia, tus padres.

Joven J: También a los amigos

Joven R: A los hermanos

Joven X: Sí, porque los daña y nos daña.

Joven W: Nos estamos dañando físicamente sin importarnos.


En el primer ejemplo vemos cómo el joven no reconoce su propia violencia. Pareciera que la connotación sexual “explícita” de la seña de ella hace que el acto de la señora sea violencia, pero su acto no lo es. En el segundo caso no solo reconocen el daño personal que se hacen, además se señala que su drogadicción daña a “toda la sociedad”. Esto muestra dos aspectos opuestos sobre sucesos violentos que son ejercidos por los jóvenes. Por una parte, no se ve nada, y por la otra se ve toda una inmensa gama de consecuencias. Habría que reflexionar más porqué los jóvenes ven en esta polaridad su violencia.


III.2 Las creencias sobre la violencia.- Las creencias de los hombres jóvenes sobre la violencia son aquellas ideas que tienen acerca de la violencia en general. Hay cuatro ideas básicas que los jóvenes comentaron:


  • La violencia es algo grande que está en todos lados y se autorreproduce. Los jóvenes perciben que la violencia se encuentra en muchos lados, y tiene consecuencias para todas las personas: “Todos somos violentos por diversas razones”, “Estamos rodeados de violencia, y nos adaptamos a ella. Nos desensibilizamos”, “El mismo ambiente te hace violento”, “Hay una violencia permanente en todos y hacia todos” y “La violencia se da en todas partes”. Además los jóvenes señalan que la violencia tiene una propia lógica de autorreproducción, donde ella misma se genera: “La violencia engendra más violencia” y “La violencia nos lleva a más violencia”. De esta formas los jóvenes reconocen que la violencia se encuentra totalmente extendida, que las personas se adaptan a ella y que por sí sola se reproduce.


  • La violencia se ejerce en lugares diferentes. La violencia es diferente de acuerdo al lugar donde se ejerce pues “la violencia se vive de diferentes formas, no es lo mismo en la Condesa que en Neza”, “...es diferente dependiendo el lugar y el momento, por ejemplo en la escuela no es lo mismo entre cuates que cuando esta un maestro” y “La violencia se da más en las calles”. Pero también se reconoce que la diferencia se da no solo porque se ejerce diferencias por zonas, sino también porque existe una influencia del medio: “La zona geográfica influye en la violencia”.




  • La violencia es una decisión. Los jóvenes consideran que deciden si ejercen o no la violencia a pesar de las presiones que puedan recibir. Por ejemplo en el siguiente diálogo:


Joven 1: Yo conozco chavos que se drogan porque tienen problemas con su familia.

Facilitador: ¿Los que se drogan lo hacen porque tienen problemas en su casa?

Joven 1: No, eso va desde antes. Uno se droga porque quiere, porque le gusta, porque es una adicción y luego uno se escuda en eso de los problemas. Lo tomamos como pretexto.


Otro ejemplo en el siguiente diálogo:


Facilitador: ¿Qué fue lo que hicieron para consumir droga?

Joven Ñ: Me invitaron un toque de mota y me gustó. Antes tenía pedos y los sigo teniendo.

Facilitador: Entonces ¿Se puede decir que es por decisión personal?

Joven W: Sí, y también por curiosidad

Joven Ñ: Yo llego, y le doy un toque a alguien y si me dice que “no”, ya no le doy. Pero si me dicen que “sí”, pues ya es por gusto.


  • La mujer tiene la culpa de la violencia y ella también es violenta. Otro aspecto muy mencionado es la idea de que la mujer tiene la culpa de la violencia que recibe. Ya sea por motivos biológicos de su sexualidad, porque “le gusta” o por la ropa que usan. En última instancia --dicen los jóvenes-- ellas buscan la violencia que reciben. Por ejemplo, los jóvenes dicen: “La mujer es caliente, si la tratas más se aferra más a uno”, “La mujer es un misterio. Cuando vi que me aguantaba me dije: ‘esta bien ¿no?´” y “Yo pienso que ellas tienen la culpa, ya por su vanidad, se ponen ropa muy llamativa, como minifaldas o cosas así. Por eso en la calle les silban, les dicen piropos pero también vulgaridades. Creo que existe mucha relación entre la ropa que se usa y la violencia”. Asimismo, otra idea muy manejada --y que ya habíamos visto arriba-- es que la mujer también es violenta. Señalan que lo es por su aspecto físico o por dificultades para manejar sus sentimientos. Sobre el aspecto físico comentan: “Hay muchas mujeres que son muy altas y están bastante fornidas, hacen ejercicio y cosas así. Por ello si te bofetean o golpean te tiran. Por ejemplo las mamás también pegan fuerte” y “La mujer joven es más rebelde y está más desarrollada. Ellas son rebeldes y reflejan más la violencia”. Sobre el manejo de los sentimientos de las mujeres: “La mujer va guardando un rencor o un resentimiento, y explota fácil” y “Entre mujeres también hay violencia, cuando se pelean o se dicen de cosas en la calle, si se enojan te insultan. O cuando te celan, ya que el tener control por parte del celoso puedes ser violencia”.


  • La violencia es por ser hombre o por el machismo. Los jóvenes también reconocen que ellos son violentos por las formas de ser hombre que se vinculan con el machismo. En general existe una percepción de que ser hombre es ser duro y fuerte, y que la violencia es un recurso para ganar respeto y/o sobrevivir. Por ejemplo: “El hombre lo puede todo, y por eso es violento”, “El hombre hace otras cosas como balaceras o picar a las personas.”, “[La violencia] Es mas fuerte entre chavos, se meten en mas problemas, como pleitos callejeros o discusiones”, “Ellos [los hombres] se lastiman mas que las mujeres, los hombres son más fuertes que las mujeres” y “El hombre es más agresivo que la mujer”. Sobre el machismo: “Por el mismo machismo [hay violencia], es la ley del más fuerte, [el hombre] piensa en él, cree en él, es autosuficiente” y “Provocamos la violencia, yo también tengo la culpa para que se refleje en el machismo”. Sobre el respeto: “Es una forma de ganar respeto y territorio, además uno sabe donde ponerse agresivo, no nada más en cualquier lugar” y “Es una forma de sobrevivir. Nadie debe pasar sobre nosotros [los hombres]”.


De esta forma, los jóvenes tienen creencias de que la violencia es algo que se encuentra en todos lados y se autorreproduce, que puede diferenciarse por zonas geográficas, que es una decisión y es cuestión diferente por sexo. De esta manera, los jóvenes tienen claridad sobre la complejidad de la violencia, pero caen en contradicciones. Por ejemplo, por una parte sostienen que ésta es una decisión, pero al mismo tiempo que es por el machismo o porque son hombres. O también porque ellas se lo buscaron. ¿Entonces, desde su experiencia, pueden o no decidir la violencia?. Asimismo, respecto a las mujeres En todos estos casos los jóvenes aceptan que han vivido o visto la violencia de las mujeres. ¿Cómo se articulan las ideas de culpar a las mujeres con la idea de que también son violentas? Desde los jóvenes las mujeres son violentas y por ello merecen la violencia que reciben. Ellas “guardan rencores”, algunas “son más formidas”, “son rebeldes”, “se enojan e insultan”, etc.. y por ello llegan a recibir violencia. De esta manera, la mujer merece la violencia por ser violenta. Ella es la culpable de lo que el hombre le da: violencia.


III.3 Malestares de los jóvenes ante la violencia. Los jóvenes expresan diversas situaciones donde ellos pueden llegar a ser violentos. En esos momentos ellos tienen un malestar que definiremos como una situación donde ellos se sienten incómodos, y donde se presenta la posibilidad de ejercer violencia. Veamos algunos de estos momentos:


  • Malestares con la pareja. Los jóvenes señalan que en el amor se llega a terminar en la relación de pareja. Y entonces todo cambia y puede surgir la violencia. Por ejemplo, “Cuando hay pasión y enamoramiento me engancho en las relaciones; pero después eso se acaba; quedan otros vínculos. Pero el amor y la pasión no están: me siento enganchado y asfixiado, y después se rompe el vínculo” y “Cuando estamos enamorados y apasionados somos muy condescendientes. Pero se termina y es algo natural.” De esta forma, la pérdida del amor después de un tiempo es vista como natural. En lugar del amor llega la violencia, que al igual que la pérdida del amor parece común.


  • Por problemas con el padre. La relación con el padre es vista como una fuente de malestar. Esta se da por diversos motivos, pero en todos ellos se quedan “con las ganas” de responder con violencia. Hay tres momentos muy específicos que los jóvenes mencionan: i) El padre que toma alcohol: “Cuando tu papá llega borracho y te pega por cualquier cosa o cuando le pega a tu mamá o discuten entre ellos luego se desquitan con los hijos. Entonces surge la violencia” y “Cuando toman todos mis tíos con mi papá y cuando están borrachos se pelean entre todos sin importar que estén entre hermanos. Y hasta con los papás se pelean”; ii) El padre que demanda resultados en la escuela: “Mi papá me dice `Nunca veo que hagas tareas´, cuando lo que dejaron fue muy poco. Él ya no me cree pues he reprobado años. A veces mi papá quiere llegar a los golpes, y me comienza a molestar. Yo mejor me salgo para pensar las cosas... No me han faltado ganas de ponerle la mano encima [hace gestos de pegar]” y “No hay nadie que no tenga problemas con los papás, nos regañan, nos golpean. Por cuestiones de la escuela hacen eso...”. iii) El padre que no reconoce o compite: “Yo como no jugaba bien fútbol, no era reconocido por mi papá, y aprendí que entre más gandalla más reconocido”, “Un día compré un carro, y mi papá me criticó y descalificó. Creo que tenía envidia: yo salía con chavas y salía... y el no hacía lo mismo...”.


  • Diversos momentos de malestar. Además de los dos momentos de malestar señalados los jóvenes hicieron referencia a otros momentos en los cuales se llega a la violencia: i) por ser hombres: “Nosotros somos terriblemente violentos, los hombres hacia las mujeres. Uno busca siempre tener el control, nos tratamos de sentir fuertes”; ii) para sobrevivir: “Dicen que si no se responde con violencia los quieren “chingar” a cada rato, la violencia en el barrio es esencial para sobrevivir”; iii) Por disciplina escolar: “Una maestra me llamó la atención por decir groserías. Ella me jaló y me enojé y di un manotazo. No todos los maestros se portan igual. Tenía ganas de golpearla. [hace ademanes de hacerlo]” y “Hay falta de respeto a los alumnos. Por ejemplo, un maestro dice palabras en doble sentido y nos `alburea´, pero al llevarme con él no se aguantó. Y me presiona con el cuaderno” y iv) por la ira y el orgullo:


Joven S: En ese momento la ira controla tus sentimientos. Depende en una pelea si ganas te sientes bien, si pierdes te va mal

Facilitador: ¿Porqué te sientes mal?

Joven S: Por dolor físico, dolor emocional. Por el orgullo. Las principales peleas son por orgullo, son el motivo para pelear”


Los momentos de malestar de los jóvenes son situaciones donde los jóvenes llegan al convencimiento de que no hay otra alternativa a la violencia por el mismo trato que reciben. Es importante señalar que los jóvenes ubican más momentos con los padres. Existe un malestar con él. Esto es congruente con el primer punto donde se vio que reciben mucha violencia del padre, pero extrañamente ya no se habla de la policía. De hecho, hay enojo con padre. Los jóvenes sí ven otros momentos de malestar (las relaciones con la pareja, el ser hombres, para sobrevivir y por la escuela), pero la figura del padre es central para ellos. Esto marca un vínculo entre violencia de género y violencia de generación, donde masculinidad y adultez se cruzan como parte de la pedagogía de la violencia. Expresiones como “No me han faltado ganas de ponerle la mano encima” y “Tenía ganas de golpearla” señalan una vía aprendida para solucionar un conflicto. A continuación profundizaremos en dónde los jóvenes dicen aprender la violencia.


III.4 El aprendizaje de la violencia.- Los jóvenes aprenden la violencia de diversas fuentes de información. El aprendizaje son aquellos actos, lugares, personas, etc.. que ellos señalan como ilustrativos para moldear su comportamiento. Veamos en qué consisten estos aprendizajes:




  • La familia enseña la violencia. Los jóvenes señalan que el ver la violencia en la familia entre el papá y la mamá es una forma de aprender la violencia. Señalan que este aprendizaje se da desde que se es pequeño: “La violencia entre los padres la comienzas a ver desde que eres chico. Si vez la violencia entre tus padres de pelear, te traumas”, “Te pegan tus papás y te queda el coraje. Más cuando estas pequeño de unos 5-7 años. En el caso de jóvenes generarán más violencia” y “También la violencia es moral o física, ya que desde muy pequeños sufren maltrato, ya que los regaños son un tipo de violencia, es por eso que los niños odian a sus padres”. Asimismo, señalan que la violencia surge por la diferencia de trato que se da a las mujeres y a los hombres desde chicos: “A las mujeres se les cuida más en la familia La formación de las mujeres es menos violenta, simplemente desde el jugar: a los hombres se les dan guantes, pistolas y a las chavas se les dan barbies”. De esta forma, los jóvenes señalan que ellos aprenden a ejercer la violencia hacia la pareja en la familia: “Si depende de la educación, ya que si ves maltrato en tu casa pues aprendes a hacerlo con tu pareja o hijos”. Así, los jóvenes tienen una clara visión de que la familia es un núcleo central donde se aprende la violencia, y que ello repercute con su novia o futura esposa.


  • El padre enseña la violencia. En la familia ¿De quien aprenden los jóvenes la violencia? Los hombres jóvenes señalan que esta se aprende principalmente del papá. Señalan que ellos “aprenden”, se “inculcan”, “toman la imagen” o “heredan” actos o formas de relacionarse similares a los del padre, y con base en ello se relacionan con la pareja y otras personas. La mención sobre este proceso se da desde la infancia y en los procesos de socialización donde el padre interviene: “¿En qué nos fijamos cuando estamos chiquitos? yo quiero ser como mi papá, yo me baso en cómo es él, se nos queda la imagen” y “Es difícil detener la violencia porque es algo que te inculcan desde tu casa, tu papá te dice que `no te dejes´, `se la rompes o si no yo te la rompo a ti´, y se reproduce ahí hasta que sales de ahí. Y si te vuelves pandillero va de nuevo”. De esta forma, los jóvenes aprenden a golpear a la mujer y el machismo: “Los hijos aprenden a pegarle a las mujeres”, “Algunos padres son machistas y nos lo están inculcando”, “Yo creo que el machismo del padre se lo puede inculcar, pero depende de dónde vienen los padres, de qué lugar [de la República]”.


  • Los medios de comunicación enseñan la violencia. Además de la familia y el padre, los jóvenes ubican en los medios de comunicación otra fuente de aprendizaje de la violencia3. En general tienen --al igual que con el padre-- una mirada muy crítica hacia ellos. Señalan que los niños toman escenas violentas de la tele y terminan agrediéndose: “Algunas caricaturas, que se suponen son programas para niños pero ellos imitan a los personajes. Primero lo hacen jugando y luego agrediendo”. Asimismo, señalan que los medios envían mensajes que no son reales, y ello es violencia: “Los medios de comunicación, las películas y los programas dicen que te vuelvas superman o dragon ball. Además los periódicos inventan cosa de algo leve. Cuando agarran a alguien les achacan todo lo que pasó antes, exageran en las noticias y la gente se la cree”, “Las películas contienen mucha violencia, y en los medios de comunicación hay mucha violencia. [...] la gente toma las imágenes y quiere ser como ellos” y “Con toda la información de los medios de comunicación te ponen a la defensiva. Estereotipas a las personas, ya que si pasan que alguien asalto y lo ves vestido de una forma, piensas que todos los que se visten así son asaltantes”. Finalmente comentan que los medios usan a la violencia con fines comerciales, y por ello la “falsean” o la “exageran: “…en los periódicos sacan otra cosa que no es. Exageran”, “...es lo que vende la televisión, la publicidad. Se basa en la violencia, y sexo. También en algunas caricaturas de power ranger, en las telenovelas hay escenas donde matan”, “Los programas de televisión utilizan la violencia para subir su raiting. Se supone son programas familiares, pero contienen temas que te llevan a la violencia”. De esta forma, los jóvenes reconocen en los medios de comunicación un promotor de la violencia por fines comerciales, que educa a los niños desde chicos, y estereotipa a las personas.


Sobre el aprendizaje de la violencia podemos decir que los jóvenes la ubican principalmente en el hogar, donde se aprende por pleitos entre la mamá y el papá, por la violencia del padre hacia la madre o hacia los mismos jóvenes, o por los medios de comunicación. Es muy interesante que los jóvenes reportaran pocos aprendizajes en la calle o en las instituciones (escuela o centro de atención a jóvenes). Arriba vimos que la policía ejerce una constante y fuerte violencia –según lo reportado por los jóvenes--, pero aquí no aparece como una figura significativa que enseñe la violencia. Lo cierto es que el aprendizaje se centra en la figura paterna, y en los medios de comunicación. Si los padres muestran al hijo el ser hombre, y el padre violenta a la mujer y los jóvenes, entonces los jóvenes retomarán la violencia hacia otros jóvenes y a la mujer. Por ello, ser hombre es ser violento, y el hijo lo aprenderá. Esto choca de forma frontal con la idea de que las madres enseñan el machismo a los niños y a los jóvenes. Éstos son muy claros con la fuente de aprendizaje de la violencia. Por el contrario, veamos el papel que juega la mujer en la siguiente categoría: las alternativas.


III.5 Alternativas a la violencia.- Ante esta gama de problemáticas ¿Cuáles son las alternativas que los jóvenes ven? Por alternativas entenderemos aquellas actividades o personas donde los jóvenes ven (o creen que habrá) mensajes, ideas, etc. que les permita enfrentar una problemática sin violencia. En general la persona donde los jóvenes señalan que existe la alternativa es en ellos mismos y en la figura femenina como la madre.


  • La alternativa está en uno mismo. Los jóvenes señalan que ellos mismos son las personas que pueden decidir otra alternativa diferente a la violencia. En los ejemplos que a continuación brindamos algunas alternativas se repiten en la narrativa de los jóvenes, ello hace ver que los jóvenes no ven una alternativa, sino varias que no son excluyentes:

-Pensar: “Pensar las cosas antes de hacerlas”, “Cuando insultan alas personas en la calle o en el metro, siempre hay consecuencias negativas, por eso hay que pensar en esas consecuencias”;

-Responsabilizarse: “Responsabilizarse de lo que hizo”, “La violencia es responsabilidad de cada quien”, “Para combatir la violencia debes pensar por uno mismo. El hablar groserías es violencia”;

-Respetarse: “Respeto y no decirse de cosas como burlas” y “Para combatir la violencia debe pensar por uno mismo, el hablar groserías es violencia, aprender a respetarnos”.

-Otras alternativas: “Hay que saber tomar, saber tomar es saber decir ’no’”, “Llevarse bien, sin decirse de groserías”, “no meterte en problemas”, “Comenzar por uno mismo, dejar de ejercerla”, y “Uno debe buscar entretenerse en algo sin daño. Por ejemplo, salir al campo, tener otra actividad aparte del trabajo y el estudio”.


En general los jóvenes se ven como agentes capaces de producir otras alternativas a la violencia. Sin embargo poco se reflexionó porqué no ocurre esto.


  • La alternativa está en solicitar apoyo a otras personas. Los jóvenes también comentan que el apoyo de otras personas puede ayudarlos a encontrar otras alternativas. Desde el padre y la policía, hasta personas desconocidas o la banda: “Si le tienes confianza a tu padre, es tu mejor amigo”, “Que la policía interviniera más para que no hubiera tanta violencia”, “Si una persona te está molestando, puedes recurrir a otras personas. No a golpes, hay personas que nos ayudan, las diferencias con otros niños”, “Platicar con varias personas”, y “La banda es para protegerse... El líder me platicaba cosas muy personales y me confió eso. Mi reacción no fue de rechazo y de respeto y de la comunicación. La banda no sólo es violencia, droga o alcohol, también hay cosas personales. Encontré a chavos que no se inyectaban y no tomaban: Iban a las tocadas a escuchar, bailar y tomar un poco. Pero a veces sí sabían responder cuando era necesario y peleaban.”


Es interesante ver cómo los jóvenes se ven a ellos mismos como la principal alternativa a la violencia ¿Esto podría ser por la culpa que la sociedad les ha inculcado al señalarlos como agresivos y violentos, o se deberá a creencias de la masculinidad sobre la autosuficiencia de los hombres y el no pedir ayuda, o se deberá a una real conciencia de parte de los jóvenes acerca de que ellos son los únicos que pueden detener su violencia? Considero que las respuestas de los jóvenes tienen elementos de estas tres hipótesis, pero que se presentan de forma entremezclada en el discurso, y seguramente también se encuentra así en la idea de ellos sobre la violencia. De hecho en las alternativas no se solicita apoyo a las mujeres ni a los/as niños/as. Ello nos habla de que la solución para los jóvenes se encuentra “entre hombres”. Y ello nos vuelve a plantear la duda inicial: ¿Las alternativas son entre hombres porque los jóvenes reconocen que realmente la violencia es principalmente de los hombres y ellos son los únicos responsables, o será porque sólo los hombres pueden enfrentar estos problemas?.


Finalmente, hay otros momentos que considero interesantes ilustrar donde los jóvenes brindan alternativas a la violencia. Me refiero a diálogos donde los jóvenes muestran una tremenda fuerza y voluntad para enfrentar esta problemática y rechazarla pero con ayuda de la madre o el reconocimiento de los agentes “femeninos” que tanto rechazan arriba. Primero veamos dos diálogos donde los jóvenes nos hablan de esta capacidad de no querer ser violentos. En el primer diálogo tenemos un ejemplo de violencia hacia la misma persona por medio de las drogas, y en el segundo uno de violencia hacia las mujeres:


Facilitador: ¿Cómo se le puede hacer, desde la experiencia de ustedes, para que los jóvenes no le entren a las drogas?

Joven 1: La decisión es de uno mismo.


Joven X: La violencia surge por la pérdida de valores universales, por lo que se mencionaba de la educación que recibes por parte de tus padres, pero también tiene que ver la ropa que usan las mujeres.

Joven Y No. Yo pienso que no es tanto por vanidad la forma en que se visten, sino que tiene que ver con las exigencias del trabajo. Por ejemplo, no vas a pedir trabajo mal vestido. La persona que te atiende tiene que estar bien arreglada.


La primera respuesta se da en un momento en que los jóvenes reconocían que efectivamente, sólo ellos pueden decidir dejar de tomar drogas en este caso. ¿El joven en este caso nos habla desde la masculinidad y la creencia de que él puede solo, o nos habla desde el reconocimiento real y verdadero --que surge de la experiencia-- de que sólo es la persona la que puede decidir no consumir droga? Ese sería el nuevo tema a investigar. En el segundo ejemplo nos ilustra cómo los jóvenes pueden elaborar lecturas o visiones alternativas a las que prevalecen en una gran mayoría de la población masculina. La respuesta del Joven Y viene inmediatamente con la propuesta que culpa a las mujeres. El joven Y elabora todo un discurso que explica de forma diferente el porqué no se relaciona la ropa de las mujeres con la violencia. De esta forma, los jóvenes pueden construir todo un discurso alternativo a las “verdades” que justifican la violencia.


Finalmente, veamos otros dos ejemplos que son importantes pues son los únicos donde aparece la figura femenina como agente de cambio, y que les brindó a los jóvenes alternativas a la violencia:


Joven D: ...en mi casa mi papá le decía a mi mamá qué se pusiera de ropa y más cosas para controlarla. Ella lo abandono, y después ella nos enseñó a respetar a las mujeres. Después mi hermana se embarcó pero mi mamá la apoyó, no la abandono. Creo que para evitar la violencia debe existir igualdad, los mismos derechos tanto para hombres como para mujeres, liberarse del machismo.


Joven H: Ellos [sus padres] asumieron responsabilidad desde pequeños, se juntan y procuran que su familia sea diferente: nunca vi golpes, ni discusiones fuertes, ni alcohol. Ellos desde niño me explicaban un rollo `chido’. Mis hermanas y yo teníamos diferencias, pero no con extremos. Lo económico afecta mucho, y no había abundancia pero sí había lo básico. Al andar con chavas si vi cosas ‘gruesas’, pero yo no les hacía daño. En mi casa yo lavaba mi ropa, yo viví cosas muy equitativas.”

La comunicación es algo que sirve. Estas inmerso en la violencia y la banda te protege. Me llagaron a golpear y me daba coraje, pero no contestaba con golpes, y canalizaba ese sentimiento: me iba a mi casa y lloraba de puro coraje. Después, fui racionalizando y reflexionando sobre lo que ocurría, lo que sentía... mi mamá me decía ‘tú no tienes porque responder igual’. De hecho, expresar emociones me ha servido bastante. Que padre es poder decir mi violencia ha bajado. Tocar fondo.


Estas dos experiencias son centrales en este trabajo. En ambas la figura de la mujer es el agente central que brinda el mensaje alternativo a la violencia. Ello nos habla de la importancia de también considerar a la mujer como agente que puede contribuir al cambio de los hombres jóvenes. De hecho, esta evidencia choca nuevamente con la mirada culpabilizadora que se hace de las mujeres cuando se señala que ellas lo educan como violentos y para ser machos. Asimismo, la figura del padre aparecen de forma diferente en ambos textos. En el primer monólogo los hombres son mostrados de forma violenta, pero en el segundo la figura del papá se pierde en la de los “padres”. Es interesante ver cómo cuando se habla de brindar alternativas a la violencia la figura del hombre y la del papá casi no se menciona de forma explícita. De hecho, la palabra “padres” sirve para hacer invisible al hombre y al papá que hay detrás de ella. Así, la misma masculinidad invisibiliza a los hombres. Por ello, los jóvenes ven las posibilidades de cambio principalmente en ellos mismos, en la banda y en otras “personas” como las mujeres.


El último diálogo es sumamente ilustrativo sobre la dirección del cambio de los jóvenes: “Me llagaron a golpear y me daba coraje, pero no contestaba con golpes, y canalizaba ese sentimiento: me iba a mi casa y lloraba de puro coraje.” La expresión “canalizaba ese sentimiento” nos habla de la capacidad de ver qué hay detrás de la agresión de los otros jóvenes, y trabajar con ello y explorar alternativas. La rápida identificación del dolor y la búsqueda de ayuda en la madre son esquemas de comportamiento que rompen con la estructura tradicional de la masculinidad (pues esta señala que el joven debiera ser duro, fuerte y aguantarse). Y el Joven H hace exactamente lo contrario. Pero cabe destacar que si bien él decide no responder con violencia (“y canalizaba ese sentimiento: me iba a mi casa y lloraba de puro coraje..”) no hace este esfuerzo solo, pues recibió esa capacidad de encontrar otras alternativas al vivir otros mensajes de equidad en la familia como el trabajo doméstico o la forma en que se solucionaban los conflictos en casa. Por tanto, si bien los jóvenes quieren pueden y debieran decidir la no violencia, lo cierto es que no lo van a lograr sin la intervención de los adultos, y los posibles mensajes de equidad que ellos pueden brindar. En particular se requiere la participación de los hombres, y sobre todo de los padres, para dirigir nuevas alternativas no violentas a los jóvenes.


Conclusiones

A continuación ofrezco algunas líneas de reflexión que desean abrir el debate sobre los hombres jóvenes, la masculinidad y la violencia. Considero que este debate apenas comienza y se enriquecerá gradualmente con más investigaciones:

  • La salud sexual y reproductiva comienza a incluir a los hombres en sus estudios. Pero es importante que quienes inician esa reflexión tomen en cuenta la diversidad entre los hombres. Si ello no se reconoce se podría partir de la falsa idea de que los hombres son “todos iguales”, y esa es exactamente la idea de la grupalidad masculina: los hombres son iguales, tanto en los deportes, como en el ejército, en la policía, en la fábrica o en los grupos escolares y en las bandas de muchachos. Ello lleva a “uniformar” a los hombres, y con ello se borra las diferencias que sí existen entre ellos. El tomar en cuenta sus diferencias de edad es solo un paso más para hacer visible la diferencia masculina de razas, clases, preferencias sexuales, estatura, condición física, etc. Desde la experiencia de la investigación observamos que los jóvenes no solo tienen grandes diferencias con los adultos, también hay gran diferencia entre ellos. Por esto, así como los estudios de género requirieron construir la idea de “diferencia” para reconocer la experiencia de las mujeres, para los estudios de los hombres es importante reconocer sus diferencias para hacer visible a los hombres jóvenes.

  • Los estudios de la masculinidad ubican a los jóvenes como personas que se encuentran en la etapa de transición para ser hombres, y desde ahí señala que los jóvenes entran en riesgos innecesarios y tienen la violencia como parte de los ritos de aceptación entre ellos. Sin embargo, la teoría de la masculinidad ha documentado poco la participación de los adultos en la masculinidad de los jóvenes. Si bien no termina en una mirada culpabilizadora hacia los muchachos, tampoco profundiza en las necesidades específicas de ellos. En la investigación, al explorar la experiencia de violencia de los jóvenes encontramos que de forma directa se señala al padre y al policía como los principales agentes de la violencia. De esta forma, los estudios de los hombres jóvenes permiten no solo conocer más a los jóvenes, también permiten profundizar el conocimiento de los hombres adultos. Como dice Foucault, estudiar a quien sufre el ejercicio del poder, nos permite conocer más a quien detenta y ejerce ese poder (Foucault, 1988). Al escuchar a los jóvenes, podremos conocer más sobre la violencia de los adultos.

  • Considero que de este estudio se derivan tres líneas de reflexión a tomar en cuenta cuando se deseé investigar sobre la violencia de los hombres jóvenes:

a) La propuesta de la masculinidad sí brinda elementos de reflexión explicativos de la violencia de los jóvenes. Sin embargo, la violencia de los jóvenes desde la masculinidad no parte de la dicotomía poder y el dolor --que explica la violencia de los hombres adultos-- sino de la violencia-afecto, pues los jóvenes demandan afecto y aceptación principalmente de otros jóvenes y de padre, y no buscan el poder en sí mismo como los hombres adultos. Y obtienen este afecto y sentido de pertenencia comúnmente a través del uso de la violencia hacia ellos mismos y hacia otros/as por medio de los ritos. La diferencia es central, ya que el objetivo de los jóvenes no es el poder, sino estos sentimientos de pertenencia a la banda o a los grupos escolares, o la obtención de afecto del papá.

Asimismo, en este nivel encontramos las ideas sobre las mujeres prácticamente reproductoras del discurso adulto de la culpabilización y de la violencia de las mujeres. Aquí los jóvenes sí se asemejan mucho a las creencias de los hombres adultos. En general considero que también hay un arduo trabajo que desarrollar para que los jóvenes miren de forma diferente a las mujeres, pues la mirada negativa sobre ellas se da tanto en la casa, como en la escuela y en la calle. Paradójicamente es la mujer la que brinda mensajes alternativos a los jóvenes.

b) La violencia de género siempre se cruza con la violencia generacional en los jóvenes. Principalmente este cruce se realiza en la figura paterna y en los policías. La violencia del padre se ejerce y enseña principalmente en la casa y es la violencia que educa a los jóvenes. Los jóvenes muestran gran malestar con el padre y no lo ven como una figura que pueda brindar una alternativa viable. Por otro lado, los policías también ejercen la violencia hacia los jóvenes, pero no son señalados como los agentes que los eduquen en y para la violencia. Lo mismo ocurre con los maestros, los empleados de centros de atención y los otros jóvenes: ejercen violencia hacia los muchachos, pero no los educan. Esto señala la importancia de trabajar el tema de violencia de género con los hombres adultos para que desde el ejemplo brinden alternativas a los hijos.

c) Los jóvenes sí desean y hablan sobre el cambio. A nivel individual e interaccional los jóvenes contemplan la posibilidad de cambiar. El cambio surge por medio de la decisión personal, o a través de la ayuda de terceras personas, principalmente aquellas que les brindan discursos diferentes a los de la masculinidad como la recuperación de los sentimientos y los aspectos mal llamados “femeninos”. Con base a esta decisión y al apoyo de terceros ellos deciden no ejercer violencia, deciden no drogarse, deciden no entrarle a los pleitos o buscar alternativas con otras personas. Los jóvenes reconocen su capacidad de cambiar, aunque también miran la inmensidad de la violencia.

  • ¿Es suficiente que los hombres jóvenes digan que aprenden del padre la violencia para señalar que sí existe un vínculo entre masculinidad y violencia de los jóvenes? ¿Es suficiente decir que los padres, maestros, policías y otros jóvenes son quienes más violentan a los hombres jóvenes para confirmar que sí existe el vínculo entre juventud, violencia y masculinidad? Considero que sí, y que apenas estamos por iniciar la reflexión sobre las características de cada una de estas interacciones y la forma en que la violencia se aprende, se reproduce y se representa de forma tan omnipresente para los muchachos.


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* Agradezco la participación del equipo del Programa de Hombres y Violencia Doméstica de Coriac. A los psicólogos Daniel Ramírez, Claudia Bello, Omar Cerero y Alejandro Robles quienes con su profesionalismo lograron que se llegara a buen término los talleres y grupos focales, y su sistematización. Asimismo, agradezco el apoyo recibido por las siguientes instituciones que trabajan con jóvenes: el Instituto Mexicano de la Juventud, CODESEX, Casa Hogar las Mercedes, Centro de Atención Ciudadana de la Delegación Azcapotzalco y REINTEGRA, y a las siguientes escuelas: Secundaria Diurna #46, Sec 59 Para trabajadores y Conalep Neza II.

de la información no hubiera sido posible este trabajo.entusiasta participación

+ Economista con maestría en Sociología. Director de Hombres por la Equidad. Centro de Intervención con Hombres e Investigación sobre Género y Masculinidades, AC (correo: rgarda@hombresporlaequidad.org.mx)

1 Esto ocurrió cuando se luchaba por la visibilización de la problemática juvenil. En mi escrito Juventud, Masculinidad y Violencia donde reflexiono sobre la corriente de estudios de las “culturas juveniles” que si bien permitieron hacer visible la problemática específica de la juventud por medio de diferenciarla de la perspectiva de la adultez, no tomaron en cuenta las diferencias de género y con ello hicieron invisible las problemáticas de las mujeres jóvenes.

2 Las siguientes son las líneas de acción que sugiere (las cito a todas por su importancia): 1. Crear una nueva relación de los hombres con su cuerpo; 2. Facilitar la comunicación de la pareja sobre lo que se desea sexualmente en el marco del respeto de la integridad del cuerpo; 3. Fomentar la educación sexual para los adolescentes; 4. Fomentar la orientación a los varones sobre los cuidados prenatales y la crianza de los hijos; 5. Crear mayor difusión sobre la detección oportuna de padecimientos prostáticos y sobre medidas preventivas; 6. Integrar la prevención y la atención de las ETS a los programas de planificación familiar y salud reproductiva; 7. Identificar las situaciones de consumo problemático de alcohol y crear conciencia sobre sus efectos en la salud sexual y reproductiva de los hombres y mujeres; 8. Identificar situaciones de violencia intrafamiliar en las instituciones de salud; 9. fortalecer la difusión y la aceptación de las medidas anticonceptivas para varones; 10. Transformar la imagen de los servicios de salud; 11. Estrategias para realizar actividades extramuros; y 12. Estrategias para proporcionar servicios a los varones.

3 Los medios de comunicación son la televisión, la radio, las películas y la prensa.

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